domingo, 29 de julio de 2018

no es dios

no es dios quien cabalga 
triunfante bajo pífanos trompetas
en el desierto de biblias y oraciones
es el jamelgo arrastrando 
los antaño poderosos huesos
completamente descarnados y sus trapos
porque los tiempos han cambiado y se espera
otra cosa de las viejas tradiciones 
otras leyendas, señores de la nada, 
deberían escribirse



sábado, 28 de julio de 2018

Enanos (Paco Urondo)


Hay enanos que viven fieles a su condición de bufones. Ellos ríen y hacen divertir a los pobres de espíritu. Ambos  no pisarán el reino de los cielos.

Otros, en cambio, se remiten a su origen trágico: aman mujeres bellas que suelen desdeñarlos o que aprovechan de las contradicciones de su pequeñez… Estos se agitan en su desgracia, padecen el escarnio, no conocen la alegría. Sus horas son excesivamente amargas y solamente logran masticar el dolor áspero y sin horizontes. 

Muchos de ellos podrían crecer, pero temen eliminar su condición.



Poema del libro Historia antigua (1956), tomado de Poemas de Francisco Urondo, Casa de las Américas, 1984.

lunes, 16 de julio de 2018

Sin título - Poema XIV (Clara G. Pariente)

No lo niego.
He salido hoy al día, confiado.
Pero el viento parco y las noticias
Me devuelven como un grito
A mi agujero.
He salido, no lo niego,
Como el tonto
Que camina sin estímulo,
Como el ave torpe que derrapa
En su vuelo.
Pero el blanco del día y
El sol indeciso
Me han traído de vuelta
A mis umbrales.
Me sorprenden los que salen
Sin vergüenza,
Los que salen y les son suyas las calles.
Yo aún estoy saliendo dentro,
Aprendiendo este rincón,
Conquistando lo pequeño.
No lo niego.
Los actores del ruido me entristecen
Como si del mundo desapareciera
El silencio.

Poema XIV incluido en el poemario Día 2


Tomado de: http://www.fronterad.com/index.php?q=14624

domingo, 8 de julio de 2018

the end

toqué el timbre dos veces
no sé si era demasiado temprano
o irremediablemente tarde
la puerta no se abrió
ni escuché ruidos de levantarse
de asomarse a la mirilla o la ventana
sin sonidos de fastidio humano
ni otra cosa
ni nada
di una vuelta por ahí
por el barrio
sin encontrarte
y al volver a tu casa
nada había cambiado
no parecía
haber cambiado
lo pensé
seguramente estabas
pero no iba a cometer
el mismo error
una tercera vez
y me fui
para otro lado
a mi casa o por ahí
sin volver a tocar
the end



miércoles, 13 de junio de 2018

El dolor de las azoteas (Angélica Morales)

Mi tristeza llega hasta el último piso
de una casa en Valencia,
abraza muy fuerte a una mujer ancha
que apenas puede andar,
sus piernas mordidas por la soledad,
por los cocodrilos del tiempo
que se besan ahora
(ceniza contra ceniza)
en el fregadero.
Mi tristeza aspira a ser la amante de dios,
pero mientras tanto,
salgo de mi espíritu,
atravieso las calles de mi alma
y compro en una tienda muy chic
una bola repleta de falsa nieve
que más tarde caerá sobre la mujer ancha
empapando de olvido las costuras de su nombre.
Hace sol en la casa.
El sol levantino
es una espada que refulge de avaricia
o muchos pájaros con las alas repletas
de máscaras y violines.
Mi tristeza se sienta junto a la mujer,
mira sus ojos repletos de llanto helado
y vuelve a agitar la falsedad de la nieve sobre el cristal.
Piensa
(mi tristeza)
en el mundo más allá de las fronteras del mundo,
en que me he comprado vía internet
una camisa azul y no sé
exactamente con qué pantalón combinarla.
Pero, ¿y la tristeza de la mujer ancha?
¿cómo combina su negra respiración
con la ausencia del hijo,
con mi camisa azul,
con la terquedad cristalina de la nieve?
Hay una planta de aloevera que cura sus heridas.
La mujer ancha
abre el pecho y se coloca allí el retrato del cáncer,
la última sonrisa del hijo,
los pétalos de un café que empieza a hervir en el silencio.


Tomado del blog de la escritora: 
https://angelicamorales.wordpress.com/2018/01/07/el-dolor-de-las-azoteas/

martes, 29 de mayo de 2018

Poeta en esta década difícil (Elizabeth Azcona Cranwell)

Un relámpago hiere
son estas cosas tristes y lúcidas del mundo
la realidad que ampara si entendemos sus leyes
sus aristas que secan la palabra del sol.

No hace mucho el dolor era igual a la gracia,
angustia y júbilo
en un solo ademán reconocían sus destellos
se arrancaba el perdón en un poema.

Y de pronto estar vivo
es una ceremonia un poco a ciegas
el sitio del decir
que era una llama purificadora
se vuelve intermitente, sólo alumbra la sed
lo que le falta al mundo, el grito de la tierra.

He perdido la gracia
el poema
el perdón,
y el corazón procura rescatarse
en un pozo cualquiera del silencio
en un jardín cerrado para siempre.


El poema pertenece a Anunciación del Mal y la Inocencia, Ediciones Corregidor, 1980.

lunes, 21 de mayo de 2018

Ella (Jorge Boccanera)

Viene despacio
      entra
tropieza con mi tos
con mi costumbre de dejar la nuca
en cualquier parte
      viene despacio
ordena mis silencios
desata las palabras necesarias
recibe la correspondencia de mis ojos
      viene despacio
a tender sus manteles de ternura
      viene despacio
apenas hecha humo para no despertarme
se abre paso entre vasos arrojados al día
      retratos de mujeres
noches de bronca y noches de ginebra
      viene despacio
con su enchape celeste subiéndose a mis mástiles
      viene despacio
      entra
se arrodilla al borde de mi alma
y junta los fragmentos de mi risa
después... se vuela azul como la tarde.


Tomado de: http://el-placard.blogspot.com.ar/search?q=jorge+boccanera