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martes, 26 de mayo de 2026

Refugiados (Alejandro Michel)


 










En Europa les permiten ahogarse en el Mediterráneo,
preferentemente al atardecer,
cuando los tiburones están de cacería.
A los que sobreviven
los ponen en campos de concentración,
no de exterminio (no hay cámaras de gas
ni hornos crematorios en esos campos:
las carpas podrían incendiarse,
el fuego podría llegar a las ciudades).
  
Cantan en las tabernas de Europa:
  
Camaradas, hemos superado el nazismo.
Camaradas, que el frío, la lluvia, el calor
y las enfermedades les den su merecido.
Esta es la tierra de nuestros ancestros,
camaradas, defendámosla de los invasores,
seamos valientes, pidamos más cerveza.
  
 En Sudamérica, adonde llegan por aire o tierra,
 les permiten vender chucherías por las calles
 o trabajar en negro, ya que son negros.
 Cuando protestan o se resisten a la autoridad,
 los muelen a patadas y palazos,
  a veces frente al mar,
 a veces en un callejón sin salida.
  
 Cantan en las tabernas de Sudamérica:
  
Compañeros, hemos superado la esclavitud.
¿Para qué queremos esclavos ahora que somos libres?
Los esclavos quieren acostarse con nuestras mujeres.
Esta es la tierra de nuestros ancestros,
compañeros, defendámosla de los invasores,
seamos valientes, pidamos más cerveza.


domingo, 8 de marzo de 2026

Post mortem (Amelia Biagioni)


 











Me miran con fijeza ya desierta
mis ojos, desde el cuerpo casi frío.
Acaba de arrojarme el pecho mío
cerrándose después como una puerta.
Sin embargo estoy viva, más despierta
que un filo, sin error, sin desvarío.
Qué espantoso llegar a este sombrío
descubrimiento. He muerto y no estoy muerta.
Quiero llorar con llanto y ya no puedo.
Lo que dudé era cierto: Estoy probando
que se acaba la sangre y no la vida.
Nunca podré morirme. Tengo miedo.
¿Quién con eternidad me está nombrando
e infinito se acerca? Estoy perdida.


jueves, 5 de marzo de 2026

Lamento por la muerte de parsifal hoolig (Juan Gelman)


 











empezó a llover vacas
y en vista de la situación reinante en el país
los estudiantes de agronomía sembraron desconcierto
los profesores de ingeniería proclamaron su virginidad
los bedeles de la filosofía aceitaron las grampas de la razón intelectual
los maestros de matemáticas verificaron llorando el dos más dos
los alumnos de lenguaje inventaron buenas malas palabras

esto ocurrió mientras al mismo tiempo
un oleaje de nostalgia invadía las camas del país
y las parejas entre sí se miraban como desconocidos
y el crepúsculo era servido en el almuerzo por padres y madres
y el dolor o la pena iba vistiendo lentamente a los chiquitines
y a unos se les caía el pecho y la espalda a otros y nada a los demás
y a Dios lo encontraron muerto varias veces
y los viejos volaban por el aire agarrados a sus testículos resecos
y las viejas lanzaban exclamaciones y sentían puntadas en la memoria o el olvido según
y varios perros asentían y brindaban con armenio coñac
y a un hombre lo encontraron muerto varias veces
 
junto a un viernes de carnaval arrancado del carnaval
bajo una invasión de insultos otoñales
o sobre elefantes azules parados en la mejilla de Mr. Hollow
o alrededor de alondras en dulce desafío vocal con el verano
encontraron muerto a ese hombre
con las manos abiertamente grises
las caderas desordenadas por los sucesos de Chicago
un resto de viento en la garganta
25 centavos de dólar en el bolsillo y su águila quieta
con las plumas mojadas por la lluvia infernal
 
¡ah queridos!
¡esa lluvia llovió años y años sobre el pavimento de Hereby Street
sin borrar la más mínima huella de lo acontecido!
¡sin mojar ninguna de las humillaciones ni uno solo de los miedos
de ese hombre con las caderas revueltas tiradas en la calle
tarde para que sus terrores puedan mezclarse con el agua y pudrirse y terminar!

así murió parsifal hoolig
cerró los ojos silenciosos
conservó la costumbre de no protestar
fue un difunto valiente
y aunque no tuvo necrológica en el New York Times ni el Chicago Tribune se ocupó de él
no se quejó cuando lo recogieron en un camión del servicio municipal
a él y a su aspecto melancólico
y si alguno supone que esto es triste
si alguno va a pararse a decir que esto es triste
sepa que esto es exactamente lo que pasó
que ninguna otra cosa pasó sino esto
bajo este cielo o bóveda celeste


Pertenece al libro Traducciones III. Los poemas de Sidney West.
Tomado de Obra Poética, Corregidor, 1984.

lunes, 22 de diciembre de 2025

botones de muestra (sergio beleiro)


tengo botones de muestra
  que con ninguna pilcha corresponden
vidrios de colores y espejitos
que reflejan mal rostros y cuerpos
miles de piezas de rompecabezas
que devinieron incompletos
un conjunto por momentos caótico
  y a veces ordenado por mi mano
sin el menor sentido
decir que ese conjunto se parece a mi vida
a una vida
podría ser una imagen reducida
una metáfora 
del tiempo

lunes, 8 de diciembre de 2025

El otro (Jacobo Fijman)


 












Tarde de invierno.
Se desperezan mis angustias
como los gatos;
se despiertan, se acuestan;
abren sus ojos turbios
y grises;
abren sus dedos finos
de humedad y silencios detallados.

Bien dormía mi ser como los niños,
y encendieron sus velas los absurdos!

Ahora el Otro está despierto;
se pasea a lo largo de mi gris corredor,
y suspira en mis agujeros,
y toca en mis paredes viejas
un sucio desaliento frío.

¡La esperanza juega a las cartas
con los absurdos!
Terminan la partida
tirándose pantuflas.

Es muy larga la noche del corazón.


Pertenece a Molino Rojo, 1926.
Tomado de Obra poética, La torre abolida, 1983.

domingo, 7 de diciembre de 2025

Manifiesto (Amelia Biagioni)













Yo me resisto,
en la calle de los ahorcados,
a acatar la orden
de ser tibia y cautelosa,
de asirme a la seguridad,
de acomodarme en la costumbre,
de usar reloj y placidez,
aventura a cuerda,
palabra pálida y mortal
y ojos con límites.

Yo me resisto,
entre las muelas del fracaso,
a cumplir la ley de cansarme,
de resignarme,
de sentarme en lo fofo del mundo
mortecina de una espada lánguida,
esperando el marasmo.

Yo me resisto,
acosada por silbatos atroces,
a la fatalidad
de encerrarme y perder la llave
o de arrojarme al pozo.

Con toda la médula
levanto, llevo, soy el miedo enorme,
y avanzo,
sin causa,
cantando entre ausentes.


miércoles, 8 de octubre de 2025

Autorretrato (Fernanda García Lao)










me habito y deshabito
como quien se pone una media
corro mucho y llego a mí
transpirada por el intento
estoy en el jardín salvaje
de mi alma
alzada contra árboles irreales
que rodean este encierro
aves sin dientes se asoman
locuaces pitidos agudos
como estrellas sucias
a veces, soy otra
una mueca de dolor atraviesa la felicidad
escupo palabras
como alfileres de gancho
un golpe de precisión
me hiere la espalda 



lunes, 29 de septiembre de 2025

Cuando ellos ya no estén (Magalí Etchebarne)


 










Cuando ellos ya no estén, solo
quedarán sus plantas
abrazándose salvajes, creciendo
desconcertadas. Mi hermana y yo
nos habremos llevado todo: los secretitos
de la noche grabados en la mesa de luz,
las cenizas que duermen en cofres de mármol,
todos esos muebles gigantes
como máquinas a vapor,
las fotos —todas las fotos en blanco y negro
en las que el pasado parece mentira—,
los problemas suaves, de épocas
sin distracción. Y así,
cargadas, vamos a caminar
por la costa varicosa de los años.
Alguna dirá ¿qué harán los que vengan
con la casa, con los dos plátanos altos
de la vereda? ¿Se animarán
a tirar todo abajo? Ese coraje
no será nuestro. Empieza después
de esta historia. Ahora, estamos de espaldas
al futuro, no es que lo evitemos,
juntamos fuerza.
Soltamos al cielo
palabras, un oráculo, una
traición. Ofrendas lanzadas al mar
cargadas de flores y preguntas, deseos
y nuestros nombres tallados sobre todo
lo que tuvimos: lo más bello y lo espantoso.
Después, ya no seremos animales pesados
husmeando en la orilla, sino esa pareja de aves
revoloteando su hogar.



sábado, 20 de septiembre de 2025

Los ángeles bailan entre la hierba (Juan L. Ortiz)


 








Los ángeles bailan entre la hierba.
Ondulan un frío que relampaguea
y que cortaría la tarde.
La tarde dura como un diamante
que desvalora de pronto una nube efímera.

Los ángeles de Cocteau sentados en las cornisas
miraban caer la tarde con ojos violeta.

Es dura la vida. La vida es triste.
Como un mar la muerte viene del sur y anda en el sol.

Los ángeles bailan entre la hierba
y sonríen con una sonrisa filosa,
un poco lúgubre ¿cierto?
Sí, lúgubre, y breve.


domingo, 17 de agosto de 2025

Black Mask (Paulina Vinderman)








En la novela negra
ella no se enamoraría del asesino,
sería la torva ingenua bailarina de cabaret
o la dulce -nada ingenua-
muñeca con ojos como ciervos, pelo
para agitar en el viento entre las acacias.

En la novela negra
no podría jamás cruzar la línea,
              bajo su respiración
estarían los muros amarillos,
la seducción de un héroe al que abrazar.

Y ya no importaría la tensión del poema
o de su espalda
                        soportando el mundo.

En la novela negra ella no tendría esta asfixia,
              este estribillo que envejece
a medida que come de su pan
y abre los brazos en la oscuridad
                en un escándalo incumplido.

Si algo la habita
es la memoria de un puerto insignificante
                                                             y caluroso
donde la muerte no era un estallido
sino una conversación, una clara evidencia.


https://paulinavinderman.com.ar/lib_bulgaria_blackmask.php






domingo, 10 de agosto de 2025

los vencidos (Sergio Beleiro)


ahí estábamos 
los vencidos
vencidos inevitablemente
vencidos como siempre
sin duda vencidos
y aun así
con una sonrisa 
            mil dientes
bajo nuestros ojos enfurecidos
            (calculando la venganza)

martes, 15 de julio de 2025

Pequeños asesinatos (Estela Figueroa)


 














Una noche en que volví tarde a casa
la vi disparar rauda y oscura
desde el canasto de papas que está en un extremo de la cocina
hasta el otro
al costado de la heladera
donde acumulamos botellas vacías de vino y gaseosas
que en gloriosas jornadas de limpieza
sacamos a la calle.
- : Tenemos una laucha -dije a mi hija Florencia-.
Es gorda. Vive detrás de la heladera.
Habrá que matarla -me contestó ella.
Habrá que poner triguillo fuera del alcance de Toto.
(Toto es nuestro perro)
Pero pasaron los días
y ninguna de las dos iba a la ferretería
en busca del triguillo.
Y la laucha seguía corriendo rauda y oscura de un extremo a otro
-en la cocina-
ante la mirada curiosa de Toto
y ya sin importarle si estábamos nosotras o no.
- : Esta laucha se está tomando mucha confianza
recuerdo que dijo mi hija.
Bueno.
De manera que a la mañana siguiente me encaminé a la ferretería
y compré el triguillo Drumolive
hecho con glándulas disecadas de roedores
lo cual- según decía el prospecto-
ejerce una poderosa atracción sexual sobre sus iguales.
La caja estuvo envuelta varios días sobre la mesa de la cocina
hasta que Florencia
-que es más expeditiva que yo para estas cosas-
abrió el paquete una noche
llenó potes con buena parte de su contenido
y acomodó estos potes estratégicamente.
Durante varias mañanas
mientras yo tomaba té leyendo a Carver
la sentí comer ávidamente.
Es cierto. Nadie
nada escapa
de lo que implica una atracción sexual.
Los ruiditos terminaron
y Carver y yo quedamos solos.
Charlando sobre la proximidad de una jornada de limpieza de la casa dijo mi hija
- : Parece que la laucha se murió. Ya no se la oye.
- : Es cierto-respondí-. Yo tampoco la oigo. La matamos.


viernes, 4 de julio de 2025

Es la baba (Oliverio Girondo)


 







Es la baba.
Su baba.
La efervescente baba.
La baba hedionda,
cáustica;
la negra baba rancia
que babea esta especie babosa de alimañas
por sus rumiantes labios carcomidos,
por sus pupilas de ostra putrefacta,
por sus turbias vejigas empedradas de cálculos,
por sus viejos ombligos de regatón gastado,
por sus jorobas llenas de intereses compuestos,
de acciones usurarias;
la pestilente baba,
la baba doctorada,
que avergüenza la felpa de las bancas con dieta
y otras muelles poltronas no menos escupidas.
La baba tartamuda,
adhesiva,
viscosa,
que impregna las paredes tapizadas de corcho
y contempla el desastre a través del bolsillo.
La baba disolvente.
La agria baba oxidada.
La baba.
¡Sí! Es su baba...
lo que herrumbra las horas,
lo que pervierte el aire,
el papel,
los metales;
lo que infecta el cansancio,
los ojos,
la inocencia,
con sus vermes de asco,
con sus virus de hastío,
de idiotez,
de ceguera,
de mezquindad,
de muerte.


Persuasión de los días, 1942, Editorial Losada.
Tomado de Persuasión de los días. En la masmédula. Editorial Losada, 1998.

jueves, 12 de junio de 2025

La Era de la Soledad (María del Carmen Marengo)

 















Y te das cuenta
de que está llegando
la Era de la Soledad.

Porque el amigo hace tiempo
decidió dejar de serlo.

Porque los ancianos morirán.

Porque tu hermano murió 
antes de que nacieras.

Porque el Amor se fue.

Porque el hijo se irá 
hacia su propia vida.

Los hijos 
dejan atrás a los padres
como mojones del pasado.

Por todo eso sabes 
que debes enfrentar
la Era de la Soledad.

Vamos. Adelante.
Levanta tu equipaje 
de seres idos y ausentes
y apresúrate a entrar
en la Era 
de la Soledad.

No dejes que te tome por sorpresa.

Aprende a construir
tu propio desierto.



De Adentro de la tormenta
(Inédito)

miércoles, 21 de mayo de 2025

Oh infierno (Amelia Biagioni)






















Oh infierno,
te agradezco
la causa perdida,
la tiniebla entre los dientes,
las manos de humo
y esa espalda acosándome.
Te agradezco
el crepúsculo de piedra que no cesa.
Te agradezco
que existas cuando respiro.
Porque eres el recinto
donde encuentro,
retenidos por el ojo y el fuego,
los nombres y las formas
de la dicha.
Oh cielo
te he buscado sin tregua sin miedo,
te he perseguido sin piedad,
universo tras universo
hasta en la piedra virgen,
en el feliz cuchillo
y en el cuervo azul
y al fin te hallé
aquí, en el pecho del vacío.
Eres la palabra asombrosa
la que solo yo escucho
y nada más me deja oír,
la que suena y suena, y suena
y no fue ni será pronunciada.


De El humo (1967).


 

domingo, 11 de mayo de 2025

Comentarios X (Jorge Boccanera)





                        suena/ un tiro en la noche: el poeta/
                                                        ya/ no/ duerme.
                                                Rafael Góchez Sosa


La gente ha escondido sus ruidos,
sus modos de doler,
ha incendiado sus nombres,
fusilado su ropa,
puesto a dormir su sangre y sus saludos.

Por si esto fuera poco,
los perros de la noche
llevan mi nombre entre sus dientes.



 

sábado, 25 de enero de 2025

sólo vine a ver el jardín (Alejandra Pizarnik)


 











sólo vine a ver el jardín.
tengo frío en las manos.
frío en el pecho.
frío en el lugar donde en los demás se forma el pensamiento.
no es éste el jardín que vine a buscar
a fin de entrar, de entrar, no de salir.

por favor, no creas que me lamento.
si comprendieras la voluptuosidad de comprobar.

me amaron, a lo menos eso dijeron.
muchos me amaron porque no soy parecida más que a mí
y por otros imponderables más bellos que la sonrisa de la Virgen de las Rocas.
yo, ahora, creo amar y me siento acabada, epilogada.
¿cómo aprender los gestos primarios
de las pasiones elementales?

No me consuela


Copiado de dos hojas manuscritas sueltas de cuaderno. 1972.


El poema fue tomado de Textos de sombra y últimos poemas. Editorial Sudamericana. 1985.
La fotografía fue copiada de la contratapa del libro donde figura como Fotografía de Enrique Pezzoni, 1967.

martes, 17 de diciembre de 2024

sin justificación (sergio beleiro)


 











posiblemente cambie una muerte por otra
mi dolor por otro que impida tu dolor
mis sueños por los tuyos mis despojos
por tu suerte mi silencio por tu boca
mis manos por que sigan tus caricias
mi sed por tu ventura /
es algo que no entiendo
nada nos une salvo lo que siento
nada que me devuelva un poco lo cedido
nada que me haga mejor ante mis ojos
nada que pueda poner en el haber
ante las puertas del infierno
o escribir en un papel 
antes de perderme 
en mi propio olvido /
¿de muerte hablo? 
entonces con cualquier muerte 
ponerle fin a estas palabras
con cualquier poema deslucido
plano 
imbécil 
asesino


La imagen es  Leaning Harlequin de Picasso.


jueves, 31 de octubre de 2024

Mientras corren los grandes días (Enrique Molina)


 











Arde en las cosas un terror antiguo, un profundo y secreto soplo,
un ácido orgulloso y sombrío que llena las piedras de grandes agujeros,
y torna crueles las húmedas manzanas, los árboles que el sol consagró;
las lluvias entretejidas a los largos cabellos con salvajes perfumes
y su blanda y ondeante música;
los ropajes y los vanos objetos; la tierna madera dolorosa en los tensos violines
y honrada y sumisa en la paciente mesa, en el infausto ataúd, 
a cuyo alrededor los ángeles impasibles y justos se reúnen a recoger su parte de muerte;
las frutas de yeso y la íntima lámpara donde el atardecer se condensa,
y los vestidos caen como un seco follaje a los pies de la mujer desnudándose,
abriéndose en quietos círculos en torno a sus tobillos como un espeso estanque
sobre el que la noche flamea y se ahonda, recogiendo ese cuerpo melodioso,
arrastrando las sombras tras los cristales y los sueños tras los semblantes dormidos;
en tanto, junto a la tibia habitación, el desolado viento plañe bajo las hojas de la hiedra.
¡Oh Tiempo! ¡Oh, enredadera pálida! ¡Oh, sagrada fatiga de vivir...!
Oh, estéril lumbre que en mi carne luchas! Tus puras hebras trepan por mis huesos,
envolviendo mis vértebras tu espuma de suave ondular.
Y así, a través de los rostros apacibles, del invariable giro del Verano,
a través de los muebles inmóviles y mansos, de las canciones de alegre esplendor,
todo habla al absorto e indefenso testigo, a las postreras sombras trepadoras,
de su incierta partida, de las manos transformándose en la gramilla estival.
Entonces mi corazón lleno de idolatría se despierta temblando,
como el que sueña que la sombra entra en él y su adorable carne se licúa
a un son lento y dulzón, poblado de flotantes animales y neblinas,
y pasa la yema de sus dedos por sus cejas, comprueba de nuevo
sus labios y mira una vez más sus desiertas rodillas,
acariciando en torno sus riquezas, sin penetrar su secreto,
mientras corren los grandes días sobre la tierra inmutable.

De las cosas y el delirio, 1941.
Tomado de Hotel pájaro, Antología, Centro Editor de América Latina, 1981.

miércoles, 14 de agosto de 2024

Recomendación para los trabajadores de mi generación (Mercedes Álvarez)


 









Si va a trabajar
piense en la generación que lo antecede:
ellos lo hicieron mejor que usted.
Sus padres madrugaron
sacrificaron las horas de ocio
cayeron rendidos los domingos
sobre sofás comprados
con el sudor de sus frentes.
Si va a trabajar
piénselo dos veces.
Recalcule, amortigüe.
Hay magníficos sofás mullidos
de segunda mano
y mesas de mármol
que desechan los jubilados desprendidos.
A veces las tías muertas dejan en herencia
copas de cristal europeo.
Si va a trabajar piénselo, medite:
ellos lo hicieron mejor que usted.


http://la-balandra.com.ar/nuevos-poetas-mercedes-alvarez/