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martes, 14 de abril de 2026

Azogue (Guadalupe Grande)










Vivimos de costado
pasamos de puntillas.
Gracias a dios nadie quedará para recordar
en nombre de quién
habrá de dirimirse la venganza.

Cuando el tiempo se escapa sin rostro de las manos
dejando un polvo amarillo en el azogue
es menester estar atentos.
Cuando los días huyen a hurtadillas
despreciando nuestro estupor
(mientras se pudre el grano en el almiar)
es menester ser precavidos.
Cuando la vida se oculta en los rincones
y no hay perro de caza que pueda hallar su rastro
solícitos acudimos a las puertas del miedo.

El bosque de certezas ardió hace tres noches.
Y yo he venido a pregonar
la escarcha de la duda.


(De El libro de Lilit. Ed. Renacimiento, 1995)

domingo, 8 de febrero de 2026

La vida furtiva (Gabriel Ferrater)

 










Seguramente será como ahora. Estaré despierto,
caminaré arriba y abajo por el pasillo. Como un minero
que surge de un pozo, me subirá
desde el silencio de toda la casa, brusco,
el ronquido del ascensor. Me detendré a escuchar
el abofetear de puertas de metal, y los pasos
en el rellano, y adivinaré el instante
en que empezará a temblar la angustia del timbre.
Sabré quiénes son. Les abriré enseguida. Todo perdido,
que entren estos, a quienes tendré que decirles todo


Versión de Jonio González.


Segurament serà com ara. Estaré despert,
aniré amunt y avall pel corredor. Com un minador
que surt d'un pou, em pujará
des del silenci de tota la casa, brusc,
el ronc de l'ascensor. M'aturaré a escoltar
el bufeteig de portes de metall, i els passos
del replà, i endevinaré l'instant
que arrencarà a tremolar l'angúnia del timbre.
Sabré qui són. Els obriré de seguida. Tot perdut,
que entrin aquests, a qui ho hauré de dir tot.


miércoles, 21 de enero de 2026

Junto a la puerta (Guadalupe Grande)


 











La casa está vacía
y el aroma de una rencorosa esperanza
perfuma cada rincón.
Quién nos dijo
mientras nos desperezábamos al mundo
que alguna vez hallaríamos
cobijo en este desierto.
Quién nos hizo creer, confiar,
—peor: esperar —,
que tras la puerta, bajo la taza,
en aquel cajón, tras la palabra,
en aquella piel,
nuestra herida sería curada.
Quién escarbó en nuestros corazones
y más tarde no supo qué plantar
y nos dejó este hoyo sin semilla
donde no cabe más que la esperanza.
Quién se acercó después
y nos dijo bajito,
en un instante de avaricia,
que no había rincón donde esperar.
Quién fue tan impiadoso, quién,
que nos abrió este reino sin tazas,
sin puertas ni horas mansas,
sin treguas, sin palabras con que fraguar el mundo.
Está bien, no lloremos más,
la tarde aún cae despacio.
Demos el último paseo
de esta desdichada esperanza.


https://elcantarano.com/la-muerte-de-guadalupe-grande/



miércoles, 14 de enero de 2026

Epílogo (Francisca Aguirre)


 











¿Y qué pasa cuando un día te levantas y ves que todo ha desaparecido? Las cosas están en su sitio, pero no tienen existencia. Miras la cuchara y el plato y sabes que no sirven. Te acercas al balcón y el aire no te llega. Tal vez el mundo no ha sido más que una alucinación, o mejor todavía, un espejismo, puesto que lo que te rodea es el desierto. Miras, qué vas a hacer sino mirar. El cansancio te ha convertido en una fiera muda. Pero eres una fiera pacífica, domesticada por algo que debió formar parte de lo que se ha ido. Y con todo ello ha debido marcharse también algo de ti. Algo que ni siquiera echas de menos, porque el cansancio te ha horadado y ya solo ocupan tu ser los agujeros.
.
Miras en torno tuyo los enseres y sospechas que en un tiempo fueron tal vez tu reino. ¿Tu patria fueron estas desahuciadas materias? Los opacos cojines, los muebles deslustrados, el tiempo apacentándose entre manteles y cortinas.
.
Una lluvia desapacible te pega el pelo sobre el rostro. Arrastrando los pies llegas a la ventana; tal vez si consigues abrirla el agua fluirá hacia afuera. Per te quedas con el rostro pegado a los cristales. Hoy todo está vacío, las ventanas no dan a ningún sitio. Cúbrete la cabeza con cualquier harapo y espera, espera entre tus pertenencias: la noche está cayendo y es posible que mañana las cosas vuelvan a su antigua historia y este páramo desolado sea, alguna vez, tu tierra prometida.


martes, 30 de diciembre de 2025

Entreacto (Ángel González)


 








No acaba aquí la historia.
Esto es sólo
una pequeña pausa para que descansemos.
La tensión es tan grande,
la emoción que desprende la trama es tan
intensa,
que todos,
bailarines y actores, acróbatas
y distinguido público,
agradecemos
la convencional tregua del entreacto,
y comprobamos
alegremente que todo era mentira,
mientras los músicos afinan sus violines.
Hasta ahora hemos visto
varias escenas rápidas que preludiaban muerte.
conocemos el rostro de ciertos personajes
y sabemos
algo que incluso muchos de ellos ignoran:
el móvil
de la traición y el nombre
de quien la hizo.
Nada definitivo ocurrió todavía,
pero
la desesperación está nítidamente
dibujada, y los intérpretes
intentan evitar el rigor del destino
poniendo
demasiado calor en sus exuberantes
ademanes, demasiado carmín en sus sonrisas
falsas,
con lo que —es evidente— disimulan
su cobardía, el terror
que dirige
sus movimientos en el escenario.
Aquellos
ineficaces y tortuosos diálogos
refiriéndose a ayer, a un tiempo
ido,
completan, sin embargo,
el panorama roto que tenemos
ante nosotros, y acaso
expliquen luego muchas cosas, sean
la clave que al final lo justifique
todo.
No olvidemos tampoco
las palabras de amor junto al estanque,
el gesto demudado, la violencia
con que alguien dijo:  «no», mirando al cielo,
y la sorpresa que produce
el torvo jardinero cuando anuncia:
«Llueve, señores,
llueve
todavía».
Pero tal vez sea pronto para hacer conjeturas:
dejemos
que la tramoya se prepare,
que los que han de morir recuperen su aliento,
y pensemos,
cuando el drama prosiga y el dolor
fingido
se vuelva verdadero en nuestros corazones,
que nada puede hacerse, que está próximo
el final que tememos de antemano,
que la aventura acabará, sin duda,
como debe acabar, como está escrito,
como es inevitable que suceda.


Tomado de Ültimos rumbos de la poesía española, Editorial Columba, Argentina,1966.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Lástima (Blas de Otero)








Me haces daño, Señor. Quita tu mano
de encima. Déjame con mi vacío,
déjame. Para abismo, con el mío
tengo bastante. ¡Oh Dios!, si eres humano,

compadécete ya, quita esa mano
de encima. No me sirve. Me da frío
y miedo. Si eres Dios, yo soy tan mío
como tú. Y a soberbio, yo te gano.

Déjame. ¡Si pudiese yo matarte,
como haces tú, como haces tú! Nos coges
con las dos manos, nos ahogas. Matas

no se sabe por qué. Quiero cortarte
las manos. Esas manos que son trojes
del hambre, y de los hombres que arrebatas.


Pertenece a Redoble de conciencia, 1951.
Tomado de Ancia, Visor, Madrid, 1984.
 

martes, 23 de diciembre de 2025

Autobiografía (Gloria Fuertes)










Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
a los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
—no digo nombres—,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
—pero Dios y el botones saben que no lo soy—.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces. *


Tomado de Últimos rumbos de la poesía española, Editorial Columba, Buenos Aires, 1966.



* José María Pemán y Pemartín (Cádiz, 8 de mayo de 1897-Cádiz, 19 de julio de 1981) fue un jurista y escritor español que cultivó todos los géneros literarios, destacando como periodista, columnista, dramaturgo y poeta, además de notable orador. Partidario de la monarquía y adscrito ideológicamente al tradicionalismo, hacia el final de su vida asumió algunos postulados del liberalismo conservador.
Fue autor de una letra para el himno nacional español en la etapa franquista.
(Fuente: Wikipedia)

domingo, 2 de noviembre de 2025

Pequeño vals vienés (Federico García Lorca)












En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del «Te quiero siempre».

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.


Pertenece a Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y 1930, publicado póstumo en 1940.
Tomado de Yerma - Poeta en Nueva York, Bruguera, 1981.


Leonard Cohen la vertió al inglés y la convirtió en canción.


Take this waltz

Now in Vienna there's ten pretty women
There's a shoulder where Death comes to cry
There's a lobby with nine hundred windows
There's a tree where the doves go to die
There's a piece that was torn from the morning
And it hangs in the Gallery of Frost
Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take this waltz with the clamp on its jaws

Oh I want you, I want you, I want you
On a chair with a dead magazine
In the cave at the tip of the lily
In some hallways where love's never been
On a bed where the moon has been sweating
In a cry filled with footsteps and sand
Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take its broken waist in your hand

This waltz, this waltz, this waltz, this waltz
With its very own breath of brandy and Death
Dragging its tail in the sea

There's a concert hall in Vienna
Where your mouth had a thousand reviews
There's a bar where the boys have stopped talking
They've been sentenced to death by the blues
Ah, but who is it climbs to your picture
With a garland of freshly cut tears?
Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take this waltz it's been dying for years

There's an attic where children are playing
Where I've got to lie down with you soon
In a dream of Hungarian lanterns
In the mist of some sweet afternoon
And I'll see what you've chained to your sorrow
All your sheep and your lilies of snow
Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
With its "I'll never forget you, you know!"

This waltz, this waltz, this waltz, this waltz ...

And I'll dance with you in Vienna
I'll be wearing a river's disguise
The hyacinth wild on my shoulder,
My mouth on the dew of your thighs
And I'll bury my soul in a scrapbook,
With the photographs there, and the moss
And I'll yield to the flood of your beauty
My cheap violin and my cross
And you'll carry me down on your dancing
To the pools that you lift on your wrist
Oh my love, Oh my love
Take this waltz, take this waltz
It's yours now. It's all that there is.




    
A partir de la música de Cohen el cantaor español Enrique Morente retoma el poema de García Lorca y da su versión en la obra Omega junto al conjunto Lagartija Nick.






miércoles, 23 de abril de 2025

Dicen que no hablan las plantas (Rosalía de Castro)


 









Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman: -Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
-Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

https://www.poemas-del-alma.com/rosalia-de-castro-dicen-que-no-hablan-las-plantas.htm

El poema pertenece al libro En las orillas del Sar y fue escrito en castellano.

Cuando leí el poema me quedé con una duda sobre el segundo verso, "Ni el onda...". El onda me llamó la atención. Pensé en algún error tipográfico, que fuera Onda en lugar de onda y nombrara un río o un viento. No encontré nada al respecto. Ni error tipográfico ni cualquier otro error que se fuera arrastrando por la web en el copiado y pegado. 

Le pregunté a un amigo, Roberto Soto (hijo de gallegos, independiente hacedor de películas), que le preguntó a un amigo, que le preguntó a una amiga (Uxía, cantante, poeta y filóloga gallega). 

La respuesta fue: "El onda” probablemente sea una forma poética de decir “la onda” o “la ola”, en poesía del siglo XIX a veces se usaban formas arcaicas o se alteraban para conservar la métrica.

Me inclino por esta respuesta, aunque las cuestiones métricas no son lo mío.

Les dejo la versión cantada del poema por Uxía & Javier Ruibal.











lunes, 24 de febrero de 2025

De Historias fingidas y verdaderas (Blas de Otero)

 

















Indescifrable 16

Verdaderamente es difícil comprender qué sentido puede tener la muerte de un muchacho de dieciséis años (apenas unas pálidas imágenes retiene mi memoria), absurdamente arrancado por una enfermedad que pocos años más tarde se hubiera eliminado de inmediato. De todas formas, un asesinato bien claro, testificado por médicos y cura irrecusables.
A continuación, el sentido salta a la vista pues no se reduce al mayor o menor número de familiares defraudados, sino a la menor o mayor cantidad de antibióticos que se irían descubriendo al paso del entierro.


Finito

Cuando yo muera, el cartero continuará trayéndome cartas durante algunos días. Y yo contestaré a esas cartas, poniendo fecha atrasada.
Cuando yo muera, el aire saldrá a la calle y yo iré a verle a su casa, y me dirán que no hay nadie.
Cuando yo muera, el mundo seguirá dando que hablar con sus pequeños sucesos y sus grandes problemas, y yo susurraré bajo la tierra la solución ayer.
Cuando yo muera, por fin no tendré necesidad de hacer más poemas, lo que me producirá un descanso infinito.


La salud

Si tenemos el alma en la mano, si estamos dentro de nosotros mismos, y miramos despacio, y hablamos moviendo apenas el pensamiento, si ocurre todo esto corrientemente, podemos decir me encuentro bien, estamos bien, gracias, tenemos salud.
Ah los poemas que leía a los trece años, el aire azul en la pared, los versos que se sentían sin ningún propósito definido, es un ejemplo también de salud, en aquellos momentos me sentía bien, gracias, tenía salud.
Ahora todo es distinto, el tiempo es irreversible, las ventanas se mueven con el fuerte viento, un idiota diría que se estremecen, hacemos todo lo posible por impedir el sectarismo, proponen la iniquidad, oís, pero dejadme la salud, la enfermedad infantil de intentar que ustedes sigan bien.


Con un poco más

A fin de cuentas, ¿qué es la soledad? Los poetas nos hablan de la soledad en versos más o menos sinceros y de un intenso sabor a sucedáneo. Expulsemos a los poetas de la soledad, a ver si aclaramos un poco la pregunta. Entiendo muy bien qué expresan los términos soledad metafísica, vacío cósmico y otros tan curiosos como estos, para tomarlos en consideración más allá de lo normal. Alrededor de la soledad se han esbozado demasiados conceptos, queriendo cegar con una mano el vacío que dejó la otra. El yo, por su misma configuración, deviene en hoyo, en vacío, al extrañarse del tú y quedar desterrado del nosotros.
Es lo que quería decir con un poco más de sencillez.


De Historias fingidas y verdaderas, Alianza Editorial, Madrid, 1980.



miércoles, 17 de enero de 2024

En el principio - Campo de amor (Blas de Otero)


 











En el principio.


Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.


Pido la paz y la palabra. 1955.

https://ciudadseva.com/texto/en-el-principio/







Campo de amor.


                                                        (Canción)


Si me muero, que sepan que he vivido
luchando por la vida y por la paz.
Apenas he podido con la pluma,
apláudanme el cantar.
 
Si me muero, será porque he nacido
para pasar el tiempo a los de detrás.
Confío que entre todos dejaremos
al hombre en su lugar.
 
Si me muero, ya sé que no veré
naranjas de la China, ni el trigal.
He levantado el rostro, esto me basta.
Otros ahecharán.
 
Si me muero, que no mueran antes
de abriros el balcón de par en par.
Un niño, acaso un niño, está mirándome
el pecho de cristal.
 
Que trata de España. 1964.
Visor, Madrid. 1977.





domingo, 30 de abril de 2023

Latido (Angélica Morales)


 











¿De qué sirven los palacios de una rosa si solo se habitan los salones de sus espinas?
Ahora escucho el latido firme de las horas y bajo mi herida,
está el hombre que me amó,
el mar que me dio su mordisco más demente.
Y yo estaba aferrada al golpe de una casa.
Pero decir casa a veces es decir cárcel
o prisión primigenia
o mujer dentro de la piel podrida de una manzana.
Y yo me llamo Eva y me levanto cuando la noche aún aletea
y le doy de mamar a la esperanza y a un hijo que acaba de nacer de las arañas,
después rasco mis bolsillos y tomo el bus de camino al trabajo.
Allí conozco a otras mujeres que como yo callan,
que ocultan bajo el manto del silencio la cicatriz de su vergüenza.
Entre nosotras hay hilos de plata que mueven el latido de nuestro corazón.
Somos animales desnudos que giran la cintura de su hambre
sobre la órbita ennegrecida del cielo.
Porque yo rezo y creo en Dios y me arrodillo dentro de la sal
y me golpeo las trenzas como si fuese hija de Hécuba
o prendo el fuego de un tambor
para que alguien más allá de los abismos pueda escuchar mi voz,
este aullido que me come y me atraviesa.
Dicen que debería hablar,
coger a mi hijo,
hacer una maleta de flores y hundirme en el vientre de otro paisaje.
Sin embargo no tengo fuerzas,
porque él me ata a las garras del miedo un día y otro día aún,
mientras la tormenta estalla sobre el plato y se hace añicos el amor.
Es entonces cuando caigo muerta en mitad de la costumbre y su droga.
Y yo ya no recuerdo nada excepto que he de trabajar,
hacer la comida,
servir pan de hombre en descomposición,
recibir con la obediencia de un cadáver toda la fiebre de su ira.
Aunque tal vez mañana…
Sí,
dicen que mañana bajará un ángel a darme miel de sus propios labios
y entonces me nacerán unas alas de nieve purísima
y podré enfrentarme a los cuchillos
y romper este silencio de plata que anula mi sexo y mi condición,
el derecho a abandonar este campo de exterminio
para trepar hacia la boca ardiente de los árboles.
Me llamo Eva, sí,
y soy mujer,
niña,
anciana,
rosa pálida enfermando a la luz angustiosa de los días.
Pueden buscarme en el roto de un cristal,
en la penumbra amarilla de un mal sueño,
en esa nube que rompe a llorar y nos sangra dentro del pecho.


sábado, 13 de agosto de 2022

Estas no son manos de gigantes (Paul Éluard)


 











      Estas no son manos de gigantes
      Estas no son manos de genios
      Que han forjado las cadenas y el crimen

      Estas son manos acostumbradas a sí mismas
      Vacías de amor vacías del mundo
      El común de los mortales no las estrechó

      Se han vuelto ciegas y extranjeras
      A todo lo que no sea torpemente una presa
      Su placer se parece al fuego desnudo del desierto

      Sus diez dedos se multiplican de ceros en sus cuentas
      Que no llevan nada más que al fondo de las quiebras
      Y su habilidad las colma de nada

      Estas manos están a popa en lugar de estar a proa
      En el crepúsculo en lugar de estar en el alba esplendente
      Y dividiendo el impulso anulan la esperanza


       Estas no son más que las manos siempre condenadas
       Por la multitud alegre que desciende en el día
       En que cada uno podría ser justo para siempre


       Y reír al saber que no se está solo en la tierra
       Al querer conducirse por aquellos hermanos
       Hacia una dicha única donde reír es una ley


        Debernos entre nuestras manos que son las más numerosas
        Aplastar la muerte idiota abolir los misterios
        Construir la razón de nacer y de vivir felices .


        Traducción:  María Teresa León y Rafael Alberti.
        Pertenece al libro Poesía Interrumpida II (1952) y fue tomado de Poemas (1917-1952), Editorial Quetzal, Argentina, 1975.

lunes, 25 de julio de 2022

Náufrago (Alfonso Vila Francés)


 







No importan las mentiras.
Importan las verdades que no dijiste.
Y las verdades a destiempo.
No importan las mentiras.
Las mentiras desencadenan tormentas,
pero éstas no van a hundir tu balsa.
Importa el rumbo que no tomaste.
Importan las corrientes que te arrastran.

No importan las mentiras.
Importan las verdades impuestas.
Las verdades que tú no quisiste escuchar.
Una mentira repetida mil veces
se convierte siempre en una verdad, dijo el verdugo.
Y tú que lo sabías, que ya lo sabías,
sonreíste,
y no quisiste ni quemar tu último cartucho:
suplicar una muerte rápida.

viernes, 15 de julio de 2022

Cíclico (Sara Zapata)










Hay tristezas y soledades acumuladas
como nieve en las cumbres.
A veces se derriten y el río se las lleva.
Entonces sonreímos
pensando que ganamos la batalla,
pero ya saben lo que ocurre con el agua.
Una mañana despiertas
y te encuentras todo como estaba,
como antes del deshielo,
como antes de creer torpemente
en el calor de tus posibilidades.



 

martes, 15 de marzo de 2022

El herido (Miguel Hernández)

 


















                        Para el muro de un hospital de sangre

I

Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.

La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.

La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece, y se halla.

Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.

Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!

Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía.
de ensangrentadas puertas.

II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


El hombre acecha, 1938-1939.

Tomado de Cancionero y romancero de ausencia, Ed. Losada, 5a edición, 1978.