martes, 30 de junio de 2026

Canto fúnebre (Herman Melville)


 








Arrojamos nuestros muertos al mar,
El insondable, insondable mar;
Cada burbuja un suspiro hueco,
Mientras se hunden por siempre jamás.
Arrojamos nuestros muertos al mar— 
No huelen a nada los muertos;
Arrojamos nuestros muertos al mar—
El mar nunca dedica a ello un pensamiento.
Húndete, húndete, oh cadáver, sigue hundiéndote,
Profundamente en el insondable mar,
Donde merodean las desconocidas formas
Abajo, abajo, en el insondable mar.
Arriba es de noche, y es de noche en todas partes,
Y la noche será contigo;
Mientras te hundes, y te hundes por siempre jamás
Cada vez más hondo en el insondable mar.


Dirge

We drop our dead in the sea,
The bottomless, bottomless sea;
Each bubble a hollow sigh,
As it sinks forever and aye.
We drop our dead in the sea,--
The dead reek not of aught;
We drop our dead in the sea,--
The sea ne'er gives it a thought.
Sink, sink, oh corpse, still sink,
Far down in the bottomless sea,
Where the unknown forms do prowl,
Down, down in the bottomless sea.
'Tis night above, and night all round,
And night will it be with thee;
As thou sinkest, and sinkest for aye,
Deeper down in the bottomless sea.


Traducción de Jonio González


miércoles, 3 de junio de 2026

Dos poemas (Jaime Sabines)


 











XIII

Eva ya no está. De un momento a otro dejó de hablar. Se quedó quieta y dura. En un principio pensé que dormía. Más tarde la toqué y no tenía calor. La moví, le hablé. La dejé allí tirada.
Pasaron varios días y no se levantó. Empezó a oler mal. Se estaba pudriendo como la fruta, y tenía moscas y hormigas. Estaba muy fea.
La arrastré afuera y le puse bastante paja encima. Diariamente iba a ver como estaba. Hasta que me cansé y la llevé más lejos. Nunca volvió a hablar. Era como una rama seca.
No sirve para nada, no hace nada. Poco a poco se la come la tierra. Allí está.
Se la come el sol, no me gusta. No se levanta, no habla, no retoña.
Yo la he estado mirando. Es inútil. Cada vez es menos, pesa menos, se acaba.


Adán y Eva, 1952.

.....................................................................................................

En medio de los remolinos, Tarumba,
quisiera escribir mi testamento:
te dejo a ti la virtud que no tengo,
a ti mi cabellera, a ti mi primer libro,
a ti mis uñas.
Estoy tan definitivamente ahíto,
tan envenenado, tan podrido,
tan cayéndome en costras,
que no quiero ya un pedazo de esta vida feliz
ni un trozo de eternidad para roer.
En medio de estos remolinos otra vez,
sacudido de cóleras inútiles,
hundido en el estiércol inefable,
minuciosamente asesinado,
me acuesto a las seis de la tarde pensando en las horas que vienen.
Oigo una gota, tomo un trago,
pienso en el cadáver que haría,
me estiro.
¿Qué testamento escribiré algún día?
No te dejo nada.
Te dejo nada más mi entierro.

Tarumba, 1956.


Ambos poemas tomados de Antología de Jaime Sabines, Periolibros, Unesco y CFE, suplemento de Página/12, septiembre de 1995.

martes, 26 de mayo de 2026

Refugiados (Alejandro Michel)


 










En Europa les permiten ahogarse en el Mediterráneo,
preferentemente al atardecer,
cuando los tiburones están de cacería.
A los que sobreviven
los ponen en campos de concentración,
no de exterminio (no hay cámaras de gas
ni hornos crematorios en esos campos:
las carpas podrían incendiarse,
el fuego podría llegar a las ciudades).
  
Cantan en las tabernas de Europa:
  
Camaradas, hemos superado el nazismo.
Camaradas, que el frío, la lluvia, el calor
y las enfermedades les den su merecido.
Esta es la tierra de nuestros ancestros,
camaradas, defendámosla de los invasores,
seamos valientes, pidamos más cerveza.
  
 En Sudamérica, adonde llegan por aire o tierra,
 les permiten vender chucherías por las calles
 o trabajar en negro, ya que son negros.
 Cuando protestan o se resisten a la autoridad,
 los muelen a patadas y palazos,
  a veces frente al mar,
 a veces en un callejón sin salida.
  
 Cantan en las tabernas de Sudamérica:
  
Compañeros, hemos superado la esclavitud.
¿Para qué queremos esclavos ahora que somos libres?
Los esclavos quieren acostarse con nuestras mujeres.
Esta es la tierra de nuestros ancestros,
compañeros, defendámosla de los invasores,
seamos valientes, pidamos más cerveza.


martes, 14 de abril de 2026

Azogue (Guadalupe Grande)










Vivimos de costado
pasamos de puntillas.
Gracias a dios nadie quedará para recordar
en nombre de quién
habrá de dirimirse la venganza.

Cuando el tiempo se escapa sin rostro de las manos
dejando un polvo amarillo en el azogue
es menester estar atentos.
Cuando los días huyen a hurtadillas
despreciando nuestro estupor
(mientras se pudre el grano en el almiar)
es menester ser precavidos.
Cuando la vida se oculta en los rincones
y no hay perro de caza que pueda hallar su rastro
solícitos acudimos a las puertas del miedo.

El bosque de certezas ardió hace tres noches.
Y yo he venido a pregonar
la escarcha de la duda.


(De El libro de Lilit. Ed. Renacimiento, 1995)

viernes, 10 de abril de 2026

El último caso del inspector (Luis Rogelio Nogueras)


 











El lugar del crimen
no es aún el lugar del crimen:
es sólo un cuarto en penumbras
donde dos sombras desnudas se besan.

El asesino
no es aún el asesino:
es sólo un hombre cansado
que va llegando a su casa un día antes de lo previsto,
después de un largo viaje.

La víctima
no es aún la víctima:
es sólo una mujer ardiendo
en otros brazos.

El testigo de excepción
no es aún el testigo de excepción:
es sólo un inspector osado
que goza de la mujer del prójimo
sobre el lecho del prójimo.

El arma del crimen
no es aún el arma del crimen:
es sólo una lámpara de bronce apagada,
tranquila, inocente
sobre una mesa de caoba.



domingo, 8 de marzo de 2026

Post mortem (Amelia Biagioni)


 











Me miran con fijeza ya desierta
mis ojos, desde el cuerpo casi frío.
Acaba de arrojarme el pecho mío
cerrándose después como una puerta.
Sin embargo estoy viva, más despierta
que un filo, sin error, sin desvarío.
Qué espantoso llegar a este sombrío
descubrimiento. He muerto y no estoy muerta.
Quiero llorar con llanto y ya no puedo.
Lo que dudé era cierto: Estoy probando
que se acaba la sangre y no la vida.
Nunca podré morirme. Tengo miedo.
¿Quién con eternidad me está nombrando
e infinito se acerca? Estoy perdida.