domingo, 8 de marzo de 2026

Post mortem (Amelia Biagioni)


 











Me miran con fijeza ya desierta
mis ojos, desde el cuerpo casi frío.
Acaba de arrojarme el pecho mío
cerrándose después como una puerta.
Sin embargo estoy viva, más despierta
que un filo, sin error, sin desvarío.
Qué espantoso llegar a este sombrío
descubrimiento. He muerto y no estoy muerta.
Quiero llorar con llanto y ya no puedo.
Lo que dudé era cierto: Estoy probando
que se acaba la sangre y no la vida.
Nunca podré morirme. Tengo miedo.
¿Quién con eternidad me está nombrando
e infinito se acerca? Estoy perdida.


jueves, 5 de marzo de 2026

Lamento por la muerte de parsifal hoolig (Juan Gelman)


 











empezó a llover vacas
y en vista de la situación reinante en el país
los estudiantes de agronomía sembraron desconcierto
los profesores de ingeniería proclamaron su virginidad
los bedeles de la filosofía aceitaron las grampas de la razón intelectual
los maestros de matemáticas verificaron llorando el dos más dos
los alumnos de lenguaje inventaron buenas malas palabras

esto ocurrió mientras al mismo tiempo
un oleaje de nostalgia invadía las camas del país
y las parejas entre sí se miraban como desconocidos
y el crepúsculo era servido en el almuerzo por padres y madres
y el dolor o la pena iba vistiendo lentamente a los chiquitines
y a unos se les caía el pecho y la espalda a otros y nada a los demás
y a Dios lo encontraron muerto varias veces
y los viejos volaban por el aire agarrados a sus testículos resecos
y las viejas lanzaban exclamaciones y sentían puntadas en la memoria o el olvido según
y varios perros asentían y brindaban con armenio coñac
y a un hombre lo encontraron muerto varias veces
 
junto a un viernes de carnaval arrancado del carnaval
bajo una invasión de insultos otoñales
o sobre elefantes azules parados en la mejilla de Mr. Hollow
o alrededor de alondras en dulce desafío vocal con el verano
encontraron muerto a ese hombre
con las manos abiertamente grises
las caderas desordenadas por los sucesos de Chicago
un resto de viento en la garganta
25 centavos de dólar en el bolsillo y su águila quieta
con las plumas mojadas por la lluvia infernal
 
¡ah queridos!
¡esa lluvia llovió años y años sobre el pavimento de Hereby Street
sin borrar la más mínima huella de lo acontecido!
¡sin mojar ninguna de las humillaciones ni uno solo de los miedos
de ese hombre con las caderas revueltas tiradas en la calle
tarde para que sus terrores puedan mezclarse con el agua y pudrirse y terminar!

así murió parsifal hoolig
cerró los ojos silenciosos
conservó la costumbre de no protestar
fue un difunto valiente
y aunque no tuvo necrológica en el New York Times ni el Chicago Tribune se ocupó de él
no se quejó cuando lo recogieron en un camión del servicio municipal
a él y a su aspecto melancólico
y si alguno supone que esto es triste
si alguno va a pararse a decir que esto es triste
sepa que esto es exactamente lo que pasó
que ninguna otra cosa pasó sino esto
bajo este cielo o bóveda celeste


Pertenece al libro Traducciones III. Los poemas de Sidney West.
Tomado de Obra Poética, Corregidor, 1984.

domingo, 8 de febrero de 2026

La vida furtiva (Gabriel Ferrater)

 










Seguramente será como ahora. Estaré despierto,
caminaré arriba y abajo por el pasillo. Como un minero
que surge de un pozo, me subirá
desde el silencio de toda la casa, brusco,
el ronquido del ascensor. Me detendré a escuchar
el abofetear de puertas de metal, y los pasos
en el rellano, y adivinaré el instante
en que empezará a temblar la angustia del timbre.
Sabré quiénes son. Les abriré enseguida. Todo perdido,
que entren estos, a quienes tendré que decirles todo


Versión de Jonio González.


Segurament serà com ara. Estaré despert,
aniré amunt y avall pel corredor. Com un minador
que surt d'un pou, em pujará
des del silenci de tota la casa, brusc,
el ronc de l'ascensor. M'aturaré a escoltar
el bufeteig de portes de metall, i els passos
del replà, i endevinaré l'instant
que arrencarà a tremolar l'angúnia del timbre.
Sabré qui són. Els obriré de seguida. Tot perdut,
que entrin aquests, a qui ho hauré de dir tot.


miércoles, 21 de enero de 2026

Junto a la puerta (Guadalupe Grande)


 











La casa está vacía
y el aroma de una rencorosa esperanza
perfuma cada rincón.
Quién nos dijo
mientras nos desperezábamos al mundo
que alguna vez hallaríamos
cobijo en este desierto.
Quién nos hizo creer, confiar,
—peor: esperar —,
que tras la puerta, bajo la taza,
en aquel cajón, tras la palabra,
en aquella piel,
nuestra herida sería curada.
Quién escarbó en nuestros corazones
y más tarde no supo qué plantar
y nos dejó este hoyo sin semilla
donde no cabe más que la esperanza.
Quién se acercó después
y nos dijo bajito,
en un instante de avaricia,
que no había rincón donde esperar.
Quién fue tan impiadoso, quién,
que nos abrió este reino sin tazas,
sin puertas ni horas mansas,
sin treguas, sin palabras con que fraguar el mundo.
Está bien, no lloremos más,
la tarde aún cae despacio.
Demos el último paseo
de esta desdichada esperanza.


https://elcantarano.com/la-muerte-de-guadalupe-grande/



miércoles, 14 de enero de 2026

Epílogo (Francisca Aguirre)


 











¿Y qué pasa cuando un día te levantas y ves que todo ha desaparecido? Las cosas están en su sitio, pero no tienen existencia. Miras la cuchara y el plato y sabes que no sirven. Te acercas al balcón y el aire no te llega. Tal vez el mundo no ha sido más que una alucinación, o mejor todavía, un espejismo, puesto que lo que te rodea es el desierto. Miras, qué vas a hacer sino mirar. El cansancio te ha convertido en una fiera muda. Pero eres una fiera pacífica, domesticada por algo que debió formar parte de lo que se ha ido. Y con todo ello ha debido marcharse también algo de ti. Algo que ni siquiera echas de menos, porque el cansancio te ha horadado y ya solo ocupan tu ser los agujeros.
.
Miras en torno tuyo los enseres y sospechas que en un tiempo fueron tal vez tu reino. ¿Tu patria fueron estas desahuciadas materias? Los opacos cojines, los muebles deslustrados, el tiempo apacentándose entre manteles y cortinas.
.
Una lluvia desapacible te pega el pelo sobre el rostro. Arrastrando los pies llegas a la ventana; tal vez si consigues abrirla el agua fluirá hacia afuera. Per te quedas con el rostro pegado a los cristales. Hoy todo está vacío, las ventanas no dan a ningún sitio. Cúbrete la cabeza con cualquier harapo y espera, espera entre tus pertenencias: la noche está cayendo y es posible que mañana las cosas vuelvan a su antigua historia y este páramo desolado sea, alguna vez, tu tierra prometida.


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Si mi alma (Marina Tsvietáieva)


 











Si mi alma ha nacido alada,
¡qué le importan chozas o ricas moradas,
qué le importan Ghengis Khan, o qué, un malón!
En el mundo tengo dos enemigos:
mellizos inseparablemente mancomunados,
¡el hambre de los hambrientos y la saciedad de los saciados!


Traducción de Irina Bogdaschevski.
Tomado de Diez poetas rusos del Siglo de Plata - Blok, Pasternak, Maiakovski y otros.
Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983.

martes, 30 de diciembre de 2025

Entreacto (Ángel González)


 








No acaba aquí la historia.
Esto es sólo
una pequeña pausa para que descansemos.
La tensión es tan grande,
la emoción que desprende la trama es tan
intensa,
que todos,
bailarines y actores, acróbatas
y distinguido público,
agradecemos
la convencional tregua del entreacto,
y comprobamos
alegremente que todo era mentira,
mientras los músicos afinan sus violines.
Hasta ahora hemos visto
varias escenas rápidas que preludiaban muerte.
conocemos el rostro de ciertos personajes
y sabemos
algo que incluso muchos de ellos ignoran:
el móvil
de la traición y el nombre
de quien la hizo.
Nada definitivo ocurrió todavía,
pero
la desesperación está nítidamente
dibujada, y los intérpretes
intentan evitar el rigor del destino
poniendo
demasiado calor en sus exuberantes
ademanes, demasiado carmín en sus sonrisas
falsas,
con lo que —es evidente— disimulan
su cobardía, el terror
que dirige
sus movimientos en el escenario.
Aquellos
ineficaces y tortuosos diálogos
refiriéndose a ayer, a un tiempo
ido,
completan, sin embargo,
el panorama roto que tenemos
ante nosotros, y acaso
expliquen luego muchas cosas, sean
la clave que al final lo justifique
todo.
No olvidemos tampoco
las palabras de amor junto al estanque,
el gesto demudado, la violencia
con que alguien dijo:  «no», mirando al cielo,
y la sorpresa que produce
el torvo jardinero cuando anuncia:
«Llueve, señores,
llueve
todavía».
Pero tal vez sea pronto para hacer conjeturas:
dejemos
que la tramoya se prepare,
que los que han de morir recuperen su aliento,
y pensemos,
cuando el drama prosiga y el dolor
fingido
se vuelva verdadero en nuestros corazones,
que nada puede hacerse, que está próximo
el final que tememos de antemano,
que la aventura acabará, sin duda,
como debe acabar, como está escrito,
como es inevitable que suceda.


Tomado de Ültimos rumbos de la poesía española, Editorial Columba, Argentina,1966.