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jueves, 30 de diciembre de 2021

Autobiografía (Víctor Manuel Gaviria)


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
Este es un tiempo muy especial, que no encuentro cómo describir:
tiempo en el que nadie devuelve lo que le prestan,
tiempo en que todos toman souvenirs de las casas que visitan,
como si se tratara de museos y recintos
de personas famosas e importantes.
Tiempo en el que cada cual trabaja para su orgullo,
aun en los días de fiesta o en las noches,
guardándose alguna lámina, un anillo, o libros,
o una fruta silvestre del frutero:
manzanas verdes, mandarinas o bananos,
alguna cosa, con tal de no perder el tiempo,
de salir con algo nuevo y agregado a la calle,
con tal de no salir como entraron. Tiempo
de los aprovechados,
tiempo raro que tuerce las buenas intenciones.
¿O están tan pobres de cosas ajenas,
tan decepcionados y cansados de lo propio,
que necesitan un secreto que no sea suyo?
Cuando presto algo
me despido de mis cosas que presto,
porque sé que quien las recibe
se olvida enseguida a quién pertenecen.
Llevan cosas de otros y las encierran en casa
como herencias antiguas Reciben favores
y no los devuelven. Reciben del cielo
por los patios porosos, por las ventanas de aire y luz,
reciben tantas cosas,
pero ellos apenas devuelven los saludos
y las buenas noches al despedirse de las fiestas.
¿Dónde están todos los libros y revistas que presté?
Navajas, semillas, pipas de agua, separadores,
fósforos y cigarrillos de colección,
y alguna foto donde estoy abrazado al ladrón...
¿Dónde está todo lo que di en estos años
y nadie me devolvió ni cambió
por otra cosa más hermosa?
 
 
 
Tomado de Diario de Poesía N°79. Argentina. Noviembre 2009 a marzo 2010.

sábado, 25 de diciembre de 2021

Año nuevo (Víctor Manuel Gaviria)


 














Como cualquier adulto, no recibió regalos
del niño Dios,
y atravesó los días de diciembre lejos de las vitrinas,
lejos del ruido,
concentrado en sí mismo como en cualquier otro mes
del año, julio o septiembre, bajo los dedos
de la brisa que no sabe de comienzos
ni finales,
hasta que la noche del treinta y uno,
bajo el sombrero antiguo y estrellado del cielo,
recibió el globo dorado de una idea que había buscado
inútilmente en los días pasados… Fue repentina
como un pestañeo,
como cuando se abren y se cierran los ojos por el estallido
de la pólvora que te dice: «aprovecha: cambia de vida!»…
Y al cruzar la frontera del año,
la idea se hizo
valiosa como un secreto,
como una luz lejana que proyecta sombras
de cosas que no vemos..!