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domingo, 16 de agosto de 2026

Cementerio (Francisca Aguirre)










Tiene también la sangre sus revoluciones,
sus líderes y demagogos
que arengan al pueblo de las ansias
congregado en el corazón.
Tiene también la sangre sus masacres
—en nombre de oscurísimas razones—,
en las que mueren tantos inocentes:
los de pequeña voz, los tímidos
que no saben exponer sus deseos;
menos aún, imponerlos.
Mueren entre las venas, y de manera irrevocable,
lo mismo que acontece entre la historia.
Muere toda una grey de tristes oprimidos, pero
en la espantosa servidumbre del reemplazo
sucumben a su vez los opresores
sin que exista un recodo, un breve hueco
en que dejar sobre una lápida
constancia de su paso.
En la anónima fosa de la sangre
yacen mezclados víctimas y verdugos;
y en las terribles horas de la comprensión
qué imposible resulta distinguir
del corrompido olor de la esperanza degollada
el agrio aroma de sus asesinos.

miércoles, 14 de enero de 2026

Epílogo (Francisca Aguirre)


 











¿Y qué pasa cuando un día te levantas y ves que todo ha desaparecido? Las cosas están en su sitio, pero no tienen existencia. Miras la cuchara y el plato y sabes que no sirven. Te acercas al balcón y el aire no te llega. Tal vez el mundo no ha sido más que una alucinación, o mejor todavía, un espejismo, puesto que lo que te rodea es el desierto. Miras, qué vas a hacer sino mirar. El cansancio te ha convertido en una fiera muda. Pero eres una fiera pacífica, domesticada por algo que debió formar parte de lo que se ha ido. Y con todo ello ha debido marcharse también algo de ti. Algo que ni siquiera echas de menos, porque el cansancio te ha horadado y ya solo ocupan tu ser los agujeros.
.
Miras en torno tuyo los enseres y sospechas que en un tiempo fueron tal vez tu reino. ¿Tu patria fueron estas desahuciadas materias? Los opacos cojines, los muebles deslustrados, el tiempo apacentándose entre manteles y cortinas.
.
Una lluvia desapacible te pega el pelo sobre el rostro. Arrastrando los pies llegas a la ventana; tal vez si consigues abrirla el agua fluirá hacia afuera. Per te quedas con el rostro pegado a los cristales. Hoy todo está vacío, las ventanas no dan a ningún sitio. Cúbrete la cabeza con cualquier harapo y espera, espera entre tus pertenencias: la noche está cayendo y es posible que mañana las cosas vuelvan a su antigua historia y este páramo desolado sea, alguna vez, tu tierra prometida.