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jueves, 5 de marzo de 2026

Lamento por la muerte de parsifal hoolig (Juan Gelman)


 











empezó a llover vacas
y en vista de la situación reinante en el país
los estudiantes de agronomía sembraron desconcierto
los profesores de ingeniería proclamaron su virginidad
los bedeles de la filosofía aceitaron las grampas de la razón intelectual
los maestros de matemáticas verificaron llorando el dos más dos
los alumnos de lenguaje inventaron buenas malas palabras

esto ocurrió mientras al mismo tiempo
un oleaje de nostalgia invadía las camas del país
y las parejas entre sí se miraban como desconocidos
y el crepúsculo era servido en el almuerzo por padres y madres
y el dolor o la pena iba vistiendo lentamente a los chiquitines
y a unos se les caía el pecho y la espalda a otros y nada a los demás
y a Dios lo encontraron muerto varias veces
y los viejos volaban por el aire agarrados a sus testículos resecos
y las viejas lanzaban exclamaciones y sentían puntadas en la memoria o el olvido según
y varios perros asentían y brindaban con armenio coñac
y a un hombre lo encontraron muerto varias veces
 
junto a un viernes de carnaval arrancado del carnaval
bajo una invasión de insultos otoñales
o sobre elefantes azules parados en la mejilla de Mr. Hollow
o alrededor de alondras en dulce desafío vocal con el verano
encontraron muerto a ese hombre
con las manos abiertamente grises
las caderas desordenadas por los sucesos de Chicago
un resto de viento en la garganta
25 centavos de dólar en el bolsillo y su águila quieta
con las plumas mojadas por la lluvia infernal
 
¡ah queridos!
¡esa lluvia llovió años y años sobre el pavimento de Hereby Street
sin borrar la más mínima huella de lo acontecido!
¡sin mojar ninguna de las humillaciones ni uno solo de los miedos
de ese hombre con las caderas revueltas tiradas en la calle
tarde para que sus terrores puedan mezclarse con el agua y pudrirse y terminar!

así murió parsifal hoolig
cerró los ojos silenciosos
conservó la costumbre de no protestar
fue un difunto valiente
y aunque no tuvo necrológica en el New York Times ni el Chicago Tribune se ocupó de él
no se quejó cuando lo recogieron en un camión del servicio municipal
a él y a su aspecto melancólico
y si alguno supone que esto es triste
si alguno va a pararse a decir que esto es triste
sepa que esto es exactamente lo que pasó
que ninguna otra cosa pasó sino esto
bajo este cielo o bóveda celeste


Pertenece al libro Traducciones III. Los poemas de Sidney West.
Tomado de Obra Poética, Corregidor, 1984.

domingo, 24 de marzo de 2024

El animal (Juan Gelman)


 









Cohabito con un oscuro animal.
Lo que hago de día, de noche me lo come.
Lo que hago de noche, de día me lo come.
Lo único que no me come es la memoria. Se encarniza en palpar hasta el más                 chico de mis errores y mis miedos.
No lo dejo dormir.
Soy su oscuro animal.


Salarios del impío, Seix Barral, 2000.

lunes, 21 de marzo de 2022

Bajo la lluvia ajena (Notas al pie de una derrota) XXV (Juan Gelman)


 











  Europa fue la cuna del capitalismo y al niño ese, en la cuna, lo alimentaron con oro y plata del Perú, de México, Bolivia. Millones de americanos tuvieron que morir para engordar al niño, que creció vigoroso, desarrolló lenguas, artes, ciencias, modos de amar y de vivir, más dimensiones de lo humano.
  ¿Quién dijo que la cultura no tiene olor?
  Paso por Roma, por París, bellísimas. En vía del Corso y Bulmish huelo de pronto a taino devorado por perros andaluces, a orejas de ona mutilado, a azteca deshaciéndose en el lago de Tenochtitlán, a inquita roto en Potosí, a querandí, araucano, congo, carabalí, esclavizados, masacrados.
  No olés a viejo, Europa.
  Olés a doble humanidad, la que asesina, la que es asesinada.
  Pasaron siglos y la belleza de los vencidos pudre tu frente todavía.
 
                              
                                                                                         roma/ 14-9-80


Tomado de Interupciones II, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1986.

viernes, 10 de julio de 2020

V - claro que moriré y me llevarán (Juan Gelman)

claro que moriré y me llevarán
en huesos o cenizas
y que dirán palabras y cenizas
y yo habré muerto totalmente

claro que esto se acabará
mis manos alimentadas por tus manos
se pensarán de nuevo
en la humedad de la tierra

yo no quiero cajón
ni ropa

que el barro asuma mi cabeza
que sus orines me devoren
ahora
desnudo de ti


Rostros, 1963.
Tomado de Obra Poética, Corregidor, 1984.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Lluvia (Juan Gelman)

hoy llueve mucho, mucho,
  y pareciera que están lavando el mundo.
  mi vecino de al lado mira la lluvia
  y piensa escribir una carta de amor /
  una carta a la mujer que vive con él
  y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
  y se parece a su sombra /
  mi vecino nunca le dice palabras de amor a la mujer /
  entra a la casa por la ventana y no por la puerta /
  por una puerta se entra a muchos sitios /
  al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
  a todos los edificios del mundo /
  pero no al mundo /
  ni a una mujer / ni al alma /
  es decir / a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así /
  como hoy / que llueve mucho /
  y me cuesta escribir la palabra amor /
  porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa /
  y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran /
  y cuándo / y cómo /
  pero el alma qué puede explicar /
  por eso mi vecino tiene tormentas en la boca /
  palabras que naufragan /
  palabras que no saben que hay sol porque nacen y mueren 
                        la misma noche en que amó /
  y dejan cartas en el pensamiento que él nunca escribirá /
  como el silencio que hay entre dos rosas /
  o como yo / que escribo palabras para volver
  a mi vecino que mira la lluvia /
  a la lluvia /
  a mi corazón desterrado /


Pertenece al libro Eso y fue tomado de Interrupciones II, Libros de Tierra Firme, 1986.



domingo, 27 de octubre de 2019

Bajo la lluvia ajena (notas al pie de una derrota) III (Juan Gelman)

       
        III


  Yo no me voy a avergonzar de mis tristezas, mis nostalgias. Extraño la callecita donde mataron a mi perro, y yo lloré junto a su muerte, y estoy pegado al empedrado con sangre donde mi perro se murió, existo todavía a partir de eso, existo de eso, soy eso, a nadie pediré permiso para tener nostalgia de eso.
  ¿Acaso soy otra cosa? Vinieron dictaduras militares, gobiernos civiles y nuevas dictaduras militares, me quitaron los libros, el pan, el hijo, desesperaron a mi madre, me echaron del país, asesinaron a mis hermanitos, a mis compañeros los torturaron, deshicieron, los rompieron. Ninguno me sacó de la calle donde estoy llorando al lado de mi perro. ¿Qué dictadura militar podría hacerlo? ¿Y qué militar hijo de puta me sacará del gran amor de esos crepúsculos de mayo, donde la ave del ser se balancea ante la noche?
  No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé contra los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar.
  Es justo que la extrañe. Porque siempre nos quisimos así: ella pidiendo más de mí, yo de ella, dolidos ambos del dolor que el uno al otro hacía, y fuertes del amor que nos tenemos.
  Te amo, patria, y me amás. En ese amor quemamos imperfecciones, vidas.

                                                                                     
                                                                                                                                roma / 9-5-80


        Tomado de Interrupciones II, Libros de Tierra Firme, 1986.

jueves, 26 de mayo de 2016

sobre la poesía (Juan Gelman)



habría un par de cosas que decir /
que nadie lee mucho /
que esos nadie son pocos /
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial / y

con el asunto de comer cada día /se trata
de un asunto importante / recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan /
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema /

pero el problema fue después /
no había plata para el cajón /
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito /

los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén / murmuraban
que siempre los están molestando /
que ellos eran hombres y enterraban hombres / y no
pajaritos como el tío juan / especialmente

porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje hasta el crematorio municipal /
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos /
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca /
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que les hacía pío-pío en la cabeza /el

tío juan era así / le gustaba cantar /
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar /
entró al horno cantando pío-pío /salieron sus cenizas y piaron un rato /
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza / pero

volviendo a la poesía /
los poetas ahora la pasan bastante mal /
nadie los lee mucho / esos nadie son pocos /
el oficio perdió prestigio / para un poeta es cada día más difícil

conseguir el amor de una muchacha /
ser candidato a presidente /que algún almacenero le fíe /
que un guerrero haga hazañas para que él las cante /
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro /

y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron las muchachas / los almaceneros / los guerreros / los           reyes /
o simplemente los poetas /
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión /

lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias /
tío juan después de muerto / yo ahora
para que me quierás /


Recitado por Juan Gelman:


domingo, 28 de febrero de 2016

exposición de unos cuadros (Juan Gelman)









  un día vi a una mujer que se cambiaba la voz /
  se sacaba recuerdos / aires / pañuelos / de la boca /
  se arrancaba ternuras como si fueran malayerbas / tiró al suelo
  la vez que nos amamos en una ciudad desconocida /

  como esa vez tenía buenos músculos /
  vi a esa mujer pisarla / pisotearla /
  taconearla con zapatitos blancos que en realidad le habrían servido para bailar /
  así dejó esa vez / sangrando / agonizando /


  con un puño implacable aplastó la cabeza de otras veces /
  la vez que conocimos juntos lo largo y lo ancho de una violeta
  que nos creció cuando besé su memoria escondida /
  la vez que hicimos una isla en el fragor del mundo /

  y el mundo se calló para escuchar nuestro silencio amoroso /
  otras veces de las que no me da la gana hablar /
  la cuestión es que esa mujer se consiguió otra voz /
  tenía más ponencias que una reunión de intelectuales /

  incluso una ponencia dirigida a los poetas /
  como si los poetas tuvieran algo que ver /
  como si no se pasaran la vida agachando la cabeza /
  cubriéndose la cara cuando la poesía se les viene encima /

  al isito le ocurría lo mismo con las cagadas de paloma /
  no había paloma que no lo eligiera como blanco /
  la cara del isito se parecía a pearl harbor /
  atacada a traición desde el aire /

  isito se iba tiñendo de color resignación /          
  y yo qué puedo hacer/decía a los amigos /
  ni siquiera me puedo rendir / decía /
  no conozco al almirante de las palomas /

  de modo que salía a la calle indefenso /
  para alegría de toda paloma con necesidad /
  también la lluvia baja sobre nosotros
  con un fuego en la mano / la última

  vez que expliqué estas cuestiones a la voz de esa mujer /
  ella se convirtió en un congreso /
  un ligero vientito sacudió los papeles /
  después todos se pusieron a hablar de las razones de lo irracional /

  demostraron perfectamente que 2 más 2 es otra cosa / o sea 4 /
  que lo que sube no es lo que baja / y viceversa /
  que Dios nunca fue japonés /
  mientras isito se ponía cada vez más pálido /

  y los muchachos del barrio nos juntamos a su alrededor /
  le silbábamos tangos para distraerlo /
  pero él estaba yéndose / y cuando pasó la poesía con una paloma /
  el isito le puso a disposición la cabeza /

  y el cuerpo entero también /
  yo creo que todo lo que baja sabe muy bien lo que hace /
  la lluvia moja el campo /
  la noche toca los pianos de la noche /    

  la poesía cae como un diablo caliente /
  es paloma que sabe sonreír /
  y se fue con isito del brazo
  cuando tenía 23 años de edad /

  es desde entonces que estoy triste /
  vos te seguís arrancando ternuras de la voz /
  las veces que encendí tu vientre como un recién nacido /
  y brilló tu porción de universo /



sábado, 17 de octubre de 2015

dos poemas de juan gelman

31 DE MARZO

Ha terminado el mes
y el hijo sin venir
y mi hermano sin volver.

Ha terminado el mes y no te amé las piernas
y no escribí ese poema del otoño en Ontario
y pienso pienso pienso
se fue otro mes
y no hicimos la revolución todavía.

                             

GOTÁN

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté,
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.


Ambos poemas los tomé de :  http://www.elortiba.org/gelman3.html