sábado, 20 de abril de 2019

Solo (Jorge Fandermole)

                                                                                    











Solo
como al aclarar está el lucero,
como el ojo pálido del cielo
va girando en la órbita lunar.

Solo
como el primer hombre de la tierra,
como el último lobo de Inglaterra,
como el viejo más viejo del lugar.

Solo
como uno va hilando sus ensueños,
como el monstruo que sobrevivió un milenio
y se esconde en una gruta bajo el mar.

Solo
como el que tiene la virtud del mago,
como el que conduce un pueblo hacia el estrago
mientras imagina la felicidad.

Solo
como el esclavo solo bajo el yugo,
como la conciencia del verdugo
o el único beso del traidor.

Solo
como un grandioso golpe de la suerte,
como cada uno frente a su propia muerte,
solo como un ángel exterminador.

Solo
como un dios que niegan sus criaturas,
como el que dio color a su locura
y pintó los cuervos y el trigal.

Solo
como está en su mundo cada muerto,
como la voz que calla en el desierto,
como el que dijo siempre la verdad.

Solo
como el que logra ver todo muy claro,
solo como la atenta luz de un faro
o el último minuto del alcohol.

Solo
como este mismo instante que se pierde,
como el único que ha visto el rayo verde
cuando se cayó el último sol.

Solo
como el que desentraña algún presagio,
como el único vivo del naufragio,
como todo el que pierde la razón.

Solo
como el que se extravió sin darse cuenta,
como un ave ciega en la tormenta,
así estoy en el mundo sin tu amor.

Solo
como si fuese un animal eterno
clavado en la puerta del infierno,
así estoy en el mundo sin tu amor.

    



Canciones, poemas, a veces no está muy clara la diferencia. Tal vez porque algunas veces son la misma cosa.


Como muestra una versión del autor en vivo y otra de Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale.




jueves, 18 de abril de 2019

Árbol que nace torcido (Américo Ferrari)




Al llegar al mundo torcieron hacia afuera y se torcieron ellos mismos hasta que Dios que los tenía en su mano la abrió y los dejó caer porque no hay mano de dios que pueda torcerse tanto. Y ahí siguen los dejados de la mano de Dios torciéndose y retorciéndose en el despeñadero del vacío que no tiene fin. Dónde estará el dios que cierre otra vez su mano para sostenerlos. No está.




De Estancias para no estar.

Tomado de Diario de Poesía Nº 57, otoño de 2001.

martes, 16 de abril de 2019

Morir cada día (Blanca Varela)

morir cada día un poco más
recortarse las uñas
el pelo
los deseos
aprender a pensar en lo pequeño
y en lo inmenso
en las estrellas más lejanas
e inmóviles
en el cielo
manchado como un animal que huye
en el cielo
espantado por mi



El poema pertenece a Concierto Animal (1999) y fue tomado de Diario de Poesía, Nº 57, Otoño de 2001.

lunes, 15 de abril de 2019

El peso de los nombres - The weight of names (Claire Kageyama-Ramakrishnan)


La noche en que se suicidó mi primo
las mujeres de nuestra familia no tocaron el teléfono.
Lo único en lo que podía pensar era en las venas hinchadas
de sus manos, en la perilla que afeitaron los amortajadores,
en los imperceptibles puntos que le dieron bajo el cuello.
Estaba amaneciendo cuando los aviones pasaron atravesando el horizonte.
La sirenas atronaban en Sepúlveda como ofreciéndole a mi primo
una despedida. Mi abuelo se sentó y dijo:
caminará sobre las nubes,
hacia los muertos… Hoy entiendo
las supersticiones de las mujeres, su miedo
a que los muertos devolvieran la llamada
y a mi primo, el único hijo
a quien correspondía el deber de llevar
el apellido de mi abuelo.
The night my cousin killed himself
the women in our family would not touch the phone.
All I could think of were the collapsed veins
on his hands, the goatee the morticians shaved off,
the faint stitches they sewed under his neck.
It was dawn when planes streaked across the horizon.
Sirens blared down Sepulveda as if to bid my cousin
farewell. My grandfather sat and said—
He would walk above the clouds
up to the dead… Today I understand
the women’s fears and superstitions
about the dead calling them back—
about my cousin, the only son
who was supposed to carry out
my grandfather’s name.

La versión es de Juan Fernández Rivero

domingo, 14 de abril de 2019

Retornos de una sombra maldita (Rafael Alberti)






















¿Será difícil, madre, volver a ti? Feroces
somos tus hijos. Sabes
que no te merecemos quizás, que hoy una sombra
maldita nos desune, nos separa
de tu agobiado corazón, cayendo
atroz, dura, mortal, sobre sus telas ,
como un oscuro hachazo.
No, no tenemos manos, ¿verdad?, no las tenemos,
que no lo son, ay, ay, porque son garras,
zarpas siempre dispuestas
a romper esas fuentes que coagulan
para ti sola en llanto.
No son dientes tampoco, que son puntas,
fieras crestas limadas incapaces
de comprender tus labios y mejillas.
Han pasado desgracias,
han sucedido, madre, verdaderas
noches sin ojos, albas que no abrían
sino para cerrarse en ciega muerte.
Cosas que no acontecen,
que alguien pensó más lejos,
más allá de las lívidas fronteras del espanto,
madre, han acontecido.
Y todavía por si acaso hubieras,
por si tal vez hubieras soñado en un momento
que en el olvido puede calmar el mar sus olas,
un incesante acoso
un ceñido rodeo
te aprietan hasta hacerte
subir vertida y sin final en sangre.
Júntanos, madre. Acerca
esa preciosa rama
tuya, tan escondida , que anhelamos
asir, estrechar todos, encendiéndonos
en ella como un único fruto
de sabor dulce, igual. Que en ese día,
desnudos de esa amarga corteza, liberados
de ese hueso de hiel que nos consume,
alegres, rebosemos
tu ya tranquilo corazón sin sombra.

Tomado del libro Retornos de lo vivo lejano (1948-1952)
, Editorial Losada, Buenos Aires, 1977.

sábado, 16 de marzo de 2019

Poema que dura un cigarrillo (Edgardo Dobry)

Dicen que hay que morir dos veces                               
para escribir este segundo verso.
El que muerde una aceituna y siente
los nudos del olivo en el corazón del gusto.
El que ve flotar su corazón
en el ojo del aljibe.
El que pule una perla de menta, de mentira,
contra la lija de la glotis,
contra la llaga de la lengua.
El que toca en la nuez una madera
horadada por el buril de insomnio.
El que ha llegado a un puerto de cansancio
y ya no puede tironear su propia sombra
y se frota el empeine de un zapato
contra el calcañar del otro.
El que quiere colorear y calca.
El que busca en la fractura un pie
con melancólica intuición,
con la intuición como única bujía.
El que ya murió una vez y busca
una segunda muerte para agonizar un metro.


La anterior es la versión del poema aparecida en Diario de Poesía, verano de 2000/1.

La siguiente la encontré en el blog Crónica Literaria con fecha 31 de mayo de 2016.
http://www.cronicaliteraria.com.ar/?p=18301


Dicen que hay que morir dos veces
para escribir este segundo verso.
El que muerde una aceituna y siente
los nudos del olivo en el corazón del gusto.
El que ve su corazón en el ojo del aljibe.
El que pule una perla de menta, de mentira,
contra la lija de la glotis,
contra la llaga de la lengua.
El que toca en la nuez una madera
trabajada en el buril de insomnio.
El que ha llegado a un puerto de cansancio
y dice que no puede tironear su propia sombra
y se frota el empeine de un zapato
contra el calcañar del otro.
El que quiere colorear y calca.
El que busca en la fractura un pie
con melancólica intuición,
con la intuición como bujía sola.
El que ya murió una vez y busca
una segunda muerte para agonizar un metro:
ese que fuma para envolverse en humo.

Pertenece a El lago de los botes.