jueves, 30 de abril de 2020

Camino por la calle como si estuviera viva (Juana Bignozzi)




 

 

 

 

 

 

 

 

Camino por la calle como si estuviera viva
dudo seriamente entre un collar negro o uno rosa
pienso qué mala cara que tengo y me paso pintura por los ojos
demasiada pintura en realidad.
Los que juegan a cosas importantes
no entenderán mi vida
una vida demasiado conversada
sin muerte dirían los entendidos.




Pertenece a Mujer de cierto orden, 1962, Libros de Tierra Firme, 1990.

miércoles, 29 de abril de 2020

nada

sobre lo que pasó
no hay nada
ni noche ni mañana
nada
palabras que se cierran
o el mismo silencio






Imágenes de un fusilamiento: He visto morir... (Roberto Arlt)

Las 5 menos 3 minutos. Rostros afanasos tras de las rejas. Cinco menos 2. Rechina el cerrojo y la puerta de hierro se abre. Hombres que se precipitan como si corrieran a tomar el tranvía. Sombras que dan grandes saltos por los corredores iluminados. Ruidos de culatas. Más sombras que galopan. Todos vamos en busca de Severino Di Giovanni para verlo morir.

La letanía.

Espacio de cielo azul. Adoquinado rústico. Prado verde. Una como silla de comedor en medio del prado. Tropa. Máuseres. Lámparas cuya luz castiga la obscuridad. Un rectángulo. Parece un ring. El ring de la muerte. Un oficial. "..de acuerdo a las disposiciones... por violación del bando... ley número..." 
El oficial bajo la pantalla enlozada. Frente a él, una cabeza. Un rostro que parece embadurnado en aceite rojo. Unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre. Negro círculo de cabezas. 
Es Severino Di Giovanni. Mandíbula prominente. Frente huída hacia las sienes como la de las panteras. Labios finos y extraordinariamente rojos. Frente roja. Mejillas rojas. Ojos renegridos por el efecto de luz. Grueso cuello desnudo. Pecho ribeteado por las solapas azules de la blusa. Los labios parecen llagas pulimentadas. Se entreabren lentamente y la lengua, más roja que un pimiento, lame los labios, los humedece. Ese cuerpo arde en temperatura. Paladea la muerte.
 "..artículo número...ley de estado de sitio... superior tribunal... visto... pásese al superior tribunal... de guerra, tropa y suboficiales..." 
Di Giovanni mira el rostro del oficial. Proyecta sobre ese rostro la fuerza tremenda de su mirada y de la voluntad que lo mantiene sereno. 
"..estamos probando... apercíbase al teniente... Rizzo Patrón, vocales... tenientes coroneles... bando... dése copia... fija número..." 
Di Giovanni se humedece los labios con la lengua. Escucha con atención, parece que analizara las cláusulas de un contrato cuyas estipulaciones son importantísimas. Mueve la cabeza con asentimiento, frente a la propiedad de los términos con que está redactada la sentencia. 
"..Dése vista al ministro de Guerra... sea fusilado... firmado, secretario..."

Habla el Reo.

-Quisiera pedirle perdón al teniente defensor...
 Una voz: -No puede hablar. Llévenlo. 
El condenado camina como un pato. Los pies aherrojados con una barra de hierro a las esposas que amarran las manos. Atraviesa la franja de adoquinado rústico. Algunos espectadores se ríen. ¿Zoncera? ¿Nerviosidad? ¡Quien sabe!. El reo se sienta reposadamente en el banquillo. Apoya la espalda y saca pecho. Mira arriba. Luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta agua para tomar el mate. Permanece así cuatro segundos. Un suboficial le cruza una soga al pecho, para que cuando los proyectiles lo maten no ruede por tierra. Di Giovanni gira la cabeza de derecha a izquierda y se deja amarrar. 
Ha formado el blanco pelotón de fusilero. El suboficial quiere vendar al condenado. Éste grita: 
-Venda no.

Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso. Surge una dificultad. El temor al rebote de las balas hace que se ordena a la tropa, perpendicular al pelotón fusilero, retirarse unos pasos. 
Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas? 
-Pelotón, firme. Apunten. 
La voz del reo estalla metálica, vibrante: 
-¡Viva la anarquía! 
-¡Fuego!

Resplandor subitáneo. Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas. Fogonazo del tiro de gracia.
Muerto.

Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra. 
Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez de Última hora, Enrique Gonzáles Tuñón, de Crítica y Gómez, de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:

-Está prohibido reírse. 
-Está prohibido concurrir con zapatos de baile.         



De Aguafuertes porteñas.

https://centrodocumentacion.com.ar/efemerides-he-visto-morir-roberto-arlt-sobre-el-fusilamiento-de-severino-di-giovanni/

Imágenes de un fusilamiento: La libertaria (Mónica Scheinsohn)

                           América Josefina Scarfó, un 31 de mayo de 2007, al final de su vida,
                           vuelve a sus 17 años, aquel 1º de febrero de 1931 cuando su hermano
                           Paulino Scarfó y su compañero Severino Di Giovanni luchador
                           antifascista italiano, emigrado a la Argentina, “idealista de la violencia“,
                           fueron fusilados por la dictadura del Gral. Uriburu.



En Buenos Aires
muchos quieren ver
como se fusila a un hombre.

Policías, clérigos, guardianes,
cabareteros de frac
y señoritas de alta alcurnia
en zapatos de baile
con risitas nerviosas ,excitadas
aguardan insomnes el espectáculo.

Fuera de la cárcel
miles se amontonan
vislumbran estrellas difusas
en el piadoso recorte de cielo
que se cierne sobre el agitador
brutalmente torturado.

Con pinzas saca lenguas
tenazas arranca uñas
aherrojados los pies
las manos esposadas
en nombre de la moral
y las buenas costumbres
los labios parecen llagas pulimentadas
camina dificultosamente erguido
emana voluntad.

Una correa le cruza el pecho
para que cuando los proyectiles impacten
no ruede abierto
como un capullo rebelde
hacia la tierra mojada
de humores y rocío.

A las cinco de la madrugada
resuenan ocho detonaciones
y el tiro de gracia.

La descarga terminó con el más hermoso de los que estaban presentes 

-un cuerpo recio se ha convertido
en una doblada lamina de papel-

No son las balas
las que escriben la última palabra
son los símbolos
que se desmoronan
igual de efímeros que el polvo
patria
propiedad
tradición

¿Qué peligro mayor puede amenazar el privilegio
sino la igualdad?

Sueño sedicioso en las calles
la cama, las tormentas
porque la libertad
pertenece al orden de los relámpagos
cuando estalla
un resplandor lacerante rasga vendas.

La carne de cadalso
no tiene Dios, ni patrón
se pudre insumisa
detrás de una quimera vindicadora.

Fue su destino
y el mío
hundirme en el río de brazas de esa sangre
que siguió levantando remolinos rojos
un circulo de fuego
hasta la orilla ultima de mi vida.

Esa mirada
-unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre-

Los anarquistas no morimos de amor
morimos en lucha.


Notas:
“idealista de la violencia“: Osvaldo Bayer (Severini Di Giovanni)
los labios parecen llagas pulimentadas: Roberto Arlt (He visto morir...)
La descarga terminó con el más hermoso de los que estaban presentes: Enrique González Tuñón (Crónica de los últimos momentos de D.G.)
un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lamina de papel: R. Arlt (He visto morir...)
unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre: R. Arlt (He visto morir...)

https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2016/10/monica-scheinsohn-19330.html

martes, 28 de abril de 2020

otro día de la peste

no son nubes imprecisas
tienen la exacta precisión de la lluvia anunciada
y que nunca llega excepto hoy
que nadie necesita una lluvia
ni un gris oscuro y permanente

ni éste de boca callada y sin grandes chispas
es un día preciso es otro
día de la peste o su espera
con esperas frente a las puertas
de los mercados y las farmacias

alguien más pasa con barbijo
otro se aparta a más de dos metros
y hay gente a la que no le importa nada
y otra gente que se muere de miedo
al poner un pie fuera de casa

no son nubes imprecisas
vienen a sumergirnos en el tedio
a señalar nuestra miseria
a encerrarnos un poco más
y ver todo detrás de una ventana

pero con miedo





Descúbrete y piensa en las víctimas (Hermann Broch)

Descúbrete y piensa en las víctimas.
Pues sólo el que siente la soga en su cuello
se da cuenta de la brizna de hierba
que se agita en el viento
por entre los adoquines que hay bajo el cadalso.
¡Oh, aquellos que disfrutan con el derramamiento de sangre!
Lo demoníaco es ciego,
lo prohibido es ciego,
los espectros son ciegos,
están ciegos ante lo que germina
porque ellos carecen de crecimiento.
Y sin embargo, cada uno de ellos
fue niño una vez.
No alabes ni premies nunca más a la muerte,
no premies la muerte que los hombres se infligen unos a otros,
no alabes lo indigno.
Ten, en cambio, valor para decir mierda cuando alguien
excite a los hombres a matar a su prójimo.
En verdad que el asesino sin dogmas
es el mejor de los hombres:
¡oh llamada humillante y envilecedora,
llamada al verdugo, la llamada de miedo más secreto,
llamada de todos los dogmas que carecen de fundamento!
Hombre, ¡descúbrete y piensa en las víctimas!
El mal vuelve siempre su rostro hacia el mal:
¿quién consuma el sacrificio humano espectral?
Un espectro.
Está ahí en la habitación, algo prohibido está ahí,
que silba para sus adentros,
¡es el espectro del espíritu burgués
habituado al orden!
Ha aprendido a leer y a escribir,
usa cepillo de dientes,
va al médico cuando está enfermo,
honra a veces padre y madre,
en general se ocupa sólo de sí mismo,
y sigue siendo sin embargo un espectro.

Traducción María Ángeles Grau                    

Tomado de: 

domingo, 26 de abril de 2020

Las líneas de la vida (Mario Trejo)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Son las líneas de la vida. Dibujan pirámides, imperios, moluscos, cantos tibetanos, la espiral y el huevo. Reconstruyen continentes, sueños, proyectos rotos, la palabra mamá y su último perfil. Inventan la ópera y la basílica, el fa sostenido de la soprano y el aplauso unánime de la multitud.

La líneas de la vida tienen ojos para ver debajo de la piel y de la tierra el país de los tesoros perdidos, la raza perfecta que vive más allá del horizonte astral.

Las líneas de la vida han elegido hoy trazar el identikit de la soledad y la locura, el mapa del deterioro que se acumula, la obscena capacidad de reproducción que tienen el dinero y el tiempo detenido.

Yo amo esta belleza tenebrosa, esta película transparente e infinita que une y separa la belleza del mal de la maldad de la belleza.


El uso de la palabra, Editorial Lumen, España, 1979.