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miércoles, 29 de abril de 2020

Imágenes de un fusilamiento: He visto morir... (Roberto Arlt)

Las 5 menos 3 minutos. Rostros afanasos tras de las rejas. Cinco menos 2. Rechina el cerrojo y la puerta de hierro se abre. Hombres que se precipitan como si corrieran a tomar el tranvía. Sombras que dan grandes saltos por los corredores iluminados. Ruidos de culatas. Más sombras que galopan. Todos vamos en busca de Severino Di Giovanni para verlo morir.

La letanía.

Espacio de cielo azul. Adoquinado rústico. Prado verde. Una como silla de comedor en medio del prado. Tropa. Máuseres. Lámparas cuya luz castiga la obscuridad. Un rectángulo. Parece un ring. El ring de la muerte. Un oficial. "..de acuerdo a las disposiciones... por violación del bando... ley número..." 
El oficial bajo la pantalla enlozada. Frente a él, una cabeza. Un rostro que parece embadurnado en aceite rojo. Unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre. Negro círculo de cabezas. 
Es Severino Di Giovanni. Mandíbula prominente. Frente huída hacia las sienes como la de las panteras. Labios finos y extraordinariamente rojos. Frente roja. Mejillas rojas. Ojos renegridos por el efecto de luz. Grueso cuello desnudo. Pecho ribeteado por las solapas azules de la blusa. Los labios parecen llagas pulimentadas. Se entreabren lentamente y la lengua, más roja que un pimiento, lame los labios, los humedece. Ese cuerpo arde en temperatura. Paladea la muerte.
 "..artículo número...ley de estado de sitio... superior tribunal... visto... pásese al superior tribunal... de guerra, tropa y suboficiales..." 
Di Giovanni mira el rostro del oficial. Proyecta sobre ese rostro la fuerza tremenda de su mirada y de la voluntad que lo mantiene sereno. 
"..estamos probando... apercíbase al teniente... Rizzo Patrón, vocales... tenientes coroneles... bando... dése copia... fija número..." 
Di Giovanni se humedece los labios con la lengua. Escucha con atención, parece que analizara las cláusulas de un contrato cuyas estipulaciones son importantísimas. Mueve la cabeza con asentimiento, frente a la propiedad de los términos con que está redactada la sentencia. 
"..Dése vista al ministro de Guerra... sea fusilado... firmado, secretario..."

Habla el Reo.

-Quisiera pedirle perdón al teniente defensor...
 Una voz: -No puede hablar. Llévenlo. 
El condenado camina como un pato. Los pies aherrojados con una barra de hierro a las esposas que amarran las manos. Atraviesa la franja de adoquinado rústico. Algunos espectadores se ríen. ¿Zoncera? ¿Nerviosidad? ¡Quien sabe!. El reo se sienta reposadamente en el banquillo. Apoya la espalda y saca pecho. Mira arriba. Luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta agua para tomar el mate. Permanece así cuatro segundos. Un suboficial le cruza una soga al pecho, para que cuando los proyectiles lo maten no ruede por tierra. Di Giovanni gira la cabeza de derecha a izquierda y se deja amarrar. 
Ha formado el blanco pelotón de fusilero. El suboficial quiere vendar al condenado. Éste grita: 
-Venda no.

Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso. Surge una dificultad. El temor al rebote de las balas hace que se ordena a la tropa, perpendicular al pelotón fusilero, retirarse unos pasos. 
Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas? 
-Pelotón, firme. Apunten. 
La voz del reo estalla metálica, vibrante: 
-¡Viva la anarquía! 
-¡Fuego!

Resplandor subitáneo. Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas. Fogonazo del tiro de gracia.
Muerto.

Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra. 
Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez de Última hora, Enrique Gonzáles Tuñón, de Crítica y Gómez, de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:

-Está prohibido reírse. 
-Está prohibido concurrir con zapatos de baile.         



De Aguafuertes porteñas.

https://centrodocumentacion.com.ar/efemerides-he-visto-morir-roberto-arlt-sobre-el-fusilamiento-de-severino-di-giovanni/

Imágenes de un fusilamiento: La libertaria (Mónica Scheinsohn)

                           América Josefina Scarfó, un 31 de mayo de 2007, al final de su vida,
                           vuelve a sus 17 años, aquel 1º de febrero de 1931 cuando su hermano
                           Paulino Scarfó y su compañero Severino Di Giovanni luchador
                           antifascista italiano, emigrado a la Argentina, “idealista de la violencia“,
                           fueron fusilados por la dictadura del Gral. Uriburu.



En Buenos Aires
muchos quieren ver
como se fusila a un hombre.

Policías, clérigos, guardianes,
cabareteros de frac
y señoritas de alta alcurnia
en zapatos de baile
con risitas nerviosas ,excitadas
aguardan insomnes el espectáculo.

Fuera de la cárcel
miles se amontonan
vislumbran estrellas difusas
en el piadoso recorte de cielo
que se cierne sobre el agitador
brutalmente torturado.

Con pinzas saca lenguas
tenazas arranca uñas
aherrojados los pies
las manos esposadas
en nombre de la moral
y las buenas costumbres
los labios parecen llagas pulimentadas
camina dificultosamente erguido
emana voluntad.

Una correa le cruza el pecho
para que cuando los proyectiles impacten
no ruede abierto
como un capullo rebelde
hacia la tierra mojada
de humores y rocío.

A las cinco de la madrugada
resuenan ocho detonaciones
y el tiro de gracia.

La descarga terminó con el más hermoso de los que estaban presentes 

-un cuerpo recio se ha convertido
en una doblada lamina de papel-

No son las balas
las que escriben la última palabra
son los símbolos
que se desmoronan
igual de efímeros que el polvo
patria
propiedad
tradición

¿Qué peligro mayor puede amenazar el privilegio
sino la igualdad?

Sueño sedicioso en las calles
la cama, las tormentas
porque la libertad
pertenece al orden de los relámpagos
cuando estalla
un resplandor lacerante rasga vendas.

La carne de cadalso
no tiene Dios, ni patrón
se pudre insumisa
detrás de una quimera vindicadora.

Fue su destino
y el mío
hundirme en el río de brazas de esa sangre
que siguió levantando remolinos rojos
un circulo de fuego
hasta la orilla ultima de mi vida.

Esa mirada
-unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre-

Los anarquistas no morimos de amor
morimos en lucha.


Notas:
“idealista de la violencia“: Osvaldo Bayer (Severini Di Giovanni)
los labios parecen llagas pulimentadas: Roberto Arlt (He visto morir...)
La descarga terminó con el más hermoso de los que estaban presentes: Enrique González Tuñón (Crónica de los últimos momentos de D.G.)
un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lamina de papel: R. Arlt (He visto morir...)
unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre: R. Arlt (He visto morir...)

https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2016/10/monica-scheinsohn-19330.html